Gora

Castillo de Espeja (1.092 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2017/04/02
Aldatze data
2017/04/02
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La Sierra de Espeja (Pico - 1233 m) se extiende con orientación SE-NW entre la Hoz del río Buezo en su extremo occidental y el Desfiladero de La Torca, labrado por el arroyo Espeja, en el lado opuesto. La Torca, un cañón angosto y profundo, insólito teniendo en cuenta que el arroyuelo que lo talló permanece seco la mayor parte del año, separa el cuerpo principal de la sierra de un vistoso apéndice denominado Castillo de Espeja (1092 m), a cuyos pies se arraciman las casas de Espeja de San Marcelino.

De la "specula" romana a Espeja, a vueltas con la toponimia

En la cima de la peña del castillo sobreviven tercamente las ruinas de un antiguo torreón defensivo, del que solo se distinguen los recios muros de su base, de planta rectangular. No se conoce con certeza el origen de estos vestigios, pero la huella toponímica permite en este caso aventurar alguna hipótesis con cierto fundamento.

En el campo de la toponimia, términos como Espeja o Espejo se hacen derivar generalmente del vocablo latino "specula", que es como los romanos llamaban a sus atalayas, torres de vigilancia o puestos de observación apostados en lugares elevados; no resulta descabellado pensar que la construcción de esta "specula", de la que tomaría prestado el nombre la aldea asentada a sus pies (la actual Espeja), se remonte a la época Imperial. La evolución del topónimo, por orden cronológico, en base a diversos documentos en los que aparece nombrado, resulta bastante concluyente: Specula - Spelia - Espelia - Exepella - Espeia - Espexa - Espeja. Hay que suponer un recorrido similar para la vecina localidad de Espejón, a partir de la "specula" de probable origen romano asentada en la cima del Castillo de San Asenjo (1256 m).

Las huellas visibles de la romanización en la comarca son muy notables. Clunia Sulpicia, que exhibe aún hoy sus monumentales restos apenas unos kilómetros al oeste, ya en territorio burgalés, fue la capital jurídica del Conventus Cluniensis, una de las divisiones administrativas dentro de la provincia Tarraconensis, y consecuentemente una de las más importantes ciudades de la Hispania romana. Tanto en la construcción de Clunia Sulpicia (Peñalba de Castro) como en la de Uxama Argaela (Burgo de Osma) se utilizaron materiales extraidos de las canteras de mármol de Espeja y Espejon, lo que demuestra su explotación ya en esa época. Además, en el entorno cercano de Espeja se han localizado y excavado al menos cinco "vicus" romanos, pequeños asentamientos rurales, que perduraron incluso hasta época bajomedieval: Los Casares, El Ortigal, El Berral, Santovenia y Mesella. Con todos estos antecedentes, la ascendencia romana de la torre que corona la cima del Castillo de Espeja (1092 m) adquiere visos de ser algo más que una simple especulación.

De Espeja a Espeja de San Marcelino, paseo por la historia

En un interesante trabajo firmado por Eugenio Delgado, de presentación espartana pero de contenido rico y documentado, editado online en 1994: "Historia de la villa de Espeja y sus cosas notables" (http://win.espejadesanmarcelino.net), su autor fecha la construcción de la atalaya cimera a principios del siglo X, coincidiendo con la conquista y repoblación cristiana de estos territorios situados durante muchos años, a partir de la invasión árabe del siglo VIII, en tierra de nadie; esta cronología atribuida a la torre no es incompatible con la existencia de un emplazamiento defensivo de época anterior, sobre cuyos restos podría haberse edificado el nuevo.

Un hecho destacado en la historia de la comarca es la fundación en 1402 del Monasterio Jerónimo de Santa María junto a la aldea de Guijosa, dependiente administrativamente de Espeja; la orden religiosa de los jerónimos fue quizás la más poderosa de España entre los siglos XV y XVII y fundó monasterios tan notables y conocidos como Santa Catalina de Badaia y Santa María de Toloño (Araba), San Juan de Ortega (Burgos), Yuste y Guadalupe (Cáceres), San Jerónimo el Real y San Lorenzo de El Escorial (Madrid), Monasterio Jerónimo de Belém (Lisboa), y tantos otros. El Monasterio de Espeja no fue una excepción y llegó a contar con un importante patrimonio (incluida la explotación de las cercanas canteras y la posesión de amplias superficies agrícolas y forestales), merced a las donaciones y al patronazgo de la noble familia Avellaneda.

El monasterio fue sin duda una referencia en la zona hasta la primera mitad del siglo XIX. El Diccionario Geográfico-histórico de Miñano, publicado entre 1826 y 1828, justo antes de promulgarse las leyes desamortizadoras de Mendizabal (1835), aún describe un monasterio dotado de aparente buena salud, a pesar de su utilización como hospital durante la guerra de la Independencia: "Cerca de esta villa está el famoso monasterio de padres Gerónimos, que llaman de Espeja por su inmediación, fundado el año de 1452 por don Pedro Fernández de Frías, cardenal de la Santa Iglesia Romana y Obispo de Osma; el sitio que ocupa está al principio de una vega; el edificio es muy bueno, y con especialidad la iglesia y sacristía".

El Diccionario de Madoz, en cambio, publicado dos décadas más tarde (1846-1848), inmediatamente después de las expropiaciones que propiciaron el abandono de conventos y monasterios por parte de las comunidades religiosas que los habitaban, relata una realidad bien distinta: "...y el monasterio de Gerónimos titulado de Espeja, edificio que se halla en un estado tal de abandono, que dentro de poco no será mas que un montón de ruinas...". A partir de la desamortización, el conjunto monacal fue expoliado y saqueado, y sufrió un deterioro rápido e irreversible; la iglesia permaneció en pie hasta su demolición en 1936, y hoy solo conserva un lienzo de la fachada.

En algún momento sin determinar entre la expropiación y el definitivo derribo, se produjo el traslado de las presuntas reliquias de San Marcelino (mártir decapitado en Roma por Diocleciano el año 304) desde el monasterio hasta la parroquia de Espeja, que adquirió a partir entonces su denominación actual como Espeja de San Marcelino.

Desde Espeja al Castillo de Espeja

Espeja compró en 1653 el título de villa al rey Felipe IV a cambio de 1400 ducados, lo que le permitió dejar de depender jurídicamente de la merindad de Silos y dotarse de los símbolos inherentes a su nueva condición: "Y doy facultad para que la dicha villa y su consejo, para la administración de la justicia pueda poner y ponga Orca, Picota, Cuchillo, Cepo, Azote y demas insignias que para el ejercicio de la dicha jurisdiccion fueran necesarias". (Eugenio Delgado: op.cit).

Iniciamos la ruta precisamente junto a la picota de Espeja (1040 m), aledaña a la monumental parroquial de la Asunción y al esqueleto de la vieja olma exterminada por la grafiosis. Hay que retroceder por la carretera de Espejón hasta las ruinas de la ermita de San Roque, junto a dos paneles del Desfiladero de La Torca y de las Sierras del Noroeste Soriano, y al pie de la peña del Castillo de Espeja (1092 m). La ruta, evidente y sencillísima, deja de lado la señal de madera que orienta en descenso hacia el "Puente Antiguo", que luego visitaremos, y atiende en cambio al que indica la dirección hacia la "Pasarela sobre el Desfiladero de La Torca".

Al alcanzar el verde lomo de la montañita, vemos sobre el tajo la moderna pasarela, a la que se dirige el sendero acondicionado; reservando la visita para el descenso, continuamos por la herbosa lomada hasta alcanzar la cresta caliza, por donde corre un senderillo que, en breve, nos sitúa sobre el recinto de gruesos muros que corona y da nombre al Castillo de Espeja (1092 m). Encantadora atalaya de magnífica panorámica desde donde disfrutar de los soberbios atardeceres serranos, amenizados por el coro de chovas piquirrojas que sobrevuelan los cantiles de la imponente hoz.

En el descenso es inevitable acercarse a la pasarela de madera y acero suspendida sobre el angosto tajo del desfiladero de La Torca; no será difícil sorprender las evoluciones de los escaladores que frecuentan la histórica vía ferrata denominada precisamente "La pasarela de Espeja", la primera que se equipó en la comunidad de Castilla y León (2008). La ferrata cuenta con cable de seguridad, pasamanos, dos puentes nepalís, grapas, clavijas, cadenas, clavos de vía férrea (en recuerdo de la desaparecida línea de ferrocarril Valladolid-Ariza), escaleras, un rápel vertical de 29 metros y hasta una aérea tirolina de 35 metros.

Desde las ruinas de la ermita de San Roque, ya junto a la carretera, un camino señalizado conduce al Puente Viejo, considerado por algunas fuentes de origen romano, que salva el reseco cauce del arroyo Espeja con su único arco de rústicos sillarejos. Se puede descender sin dificultad al fondo del barranco y seguirlo durante algunos metros a pie llano, para dejarse sorprender por sugerentes y pintorescos rincones entre las angostas paredes de la espectacular garganta.

Acceso: Espeja de San Marcelino (20 min)

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