Gora

Colorada, Peña (729 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2017/05/11
Aldatze data
2017/05/13
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Peña Colorada (729 m) es una llamativa proa rocosa que emerge espectacular desde el mismo cauce del Jerea, en un punto donde este río cantarín, que destila las nieves y las lluvias que precipitan en las cumbres de la sierra Carbonilla, se remansa en un amplio meandro, antes de encajonarse en el desfiladero de Entrepeñas, entre Vienda (1073 m) y la Peña de los Buitres (998 m), y hacerse espuma en la popular Cascada del Peñón, en Pedrosa de Tobalina. Este formidable paraje es una de las referencias paisajísticas más notables del Valle de Losa, un deprimido territorio del norte burgalés, de población escasa, pero rico en recursos naturales, etnográficos y culturales. A la vista de Peña Colorada parece inevitable traer a la mente la imagen de un gigantesco barco de piedra a punto de llevarse por delante las casas del Barrio de Arriba de San Pantaleón de Losa.

La ladera W de Peña Colorada aún conserva vestigios de un castro autrigón, tribu englobada dentro de la amplia familia de los pueblos celtíberos, que estableció su territorio durante la edad de Hierro en el actual N de Burgos, zona oriental de Cantabria y zona occidental de Bizkaia y Araba; en una de las terrazas del antiguo poblamiento, que ha proporcionado también evidencias de ocupación en época romana y altomedieval, muy cerca de la herbosa cima de la peña, se cobija la singular ermita de San Pantaleón, uno de los enclaves más insólitos y enigmáticos de la comarca de las Merindades y de todo el espléndido norte de Burgos.

La ermita de San Pantaleón de Losa

Es precisamente el templo, construido en una ubicación atípica en mitad de una rampa, el que proporciona los otros dos nombres por los que se conoce este vistoso pico losino: Peña del Santo y Peña Sociruelos, por la virgen de tan curiosa advocación, talla del s.XIII que existió en la ermita, conservada actualmente en un museo de la capital castellana. Además de por su situación, la ermita de San Pantaleón de Losa reúne una serie de características que la convierten en una obra sugerente y única.

Dejando de lado las elucubraciones esotéricas que la relacionan con temas tan intangibles, etéreos y controvertidos como el Santo Grial o la Orden del Temple, no hay duda de que se trata de una construcción diferente, que deja ver la mano de un artífice exclusivo y genial. Lo primero que llama la atención es la figura humana, de tamaño natural, que sustituye a las columnas de un lateral de la portada y parece defender la entrada del templo; se ha sugerido que se pueda tratar de un atlante (¿?), una representación de Sansón, Hércules, Adán o del propio San Pantaleón. En el lado contrario de la portada, y no menos atrevido, una especie de rayo adosado a un fino pilar soporta un trabajado capitel con motivos naúticos. Quizás sean los dos elementos más distintivos de este hermoso templo románico, fechado en el año 1207, que presenta también un pesado edificio adosado de traza gótica y un cementerio anexo.

Pero el resto de imágenes y tallas repartidas por la portada y por los armoniosos ventanales del ábside dan para disfrutar un buen rato por su singular rareza cargada de simbolismos que no acertamos a interpretar. Dicen los entendidos que, entre otras historias, las figuras relatan los seis martirios de San Pantaleón, uno más de los numerosos e improbables mártires que el emperador Diocleciano regaló a la iglesia católica recién iniciado el siglo IV; el santo, médico y natural de Nicomedia, en la actual Turquía, habría decidido morir decapitado a la sexta intentona de sus verdugos, después de salir airoso a ahogamientos, fieras, espadas y torturas varias. Resultan curiosos y enigmáticos los personajes embutidos en las molduras cilíndricas de las arquivoltas de ventanales y portada, que muestran exclusivamente el rostro y la parte inferior de las piernas a través de unas aberturas rectangulares.

El Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, regentado por monjas agustinas recoletas, custodia una ampolla que contiene supuestamente sangre del mártir cristiano; cada 27 de julio, festividad de San Pantaleón, y solo ese día, la materia contenida en ese frasco pasa del estado sólido al líquido, en lo que se conoce como "la licuación de la sangre de San Pantaleón". La tradición local señala que esa reliquia de propiedades tan antinaturales procedería de la ermita de Peña Colorada, aunque la historia oficial parece proclamar que el frasco fue llevado a principios del s.XVII directamente al convento de la Encarnación desde Nápoles (donde curiosamente se venera un "prodigio" similar con la supuesta sangre de San Genaro) por Aldonza de Zúñiga, hija del virrey de Nápoles, cuando entró a profesar como novicia.

La licuación de la sangre de San Pantaleón, prodigio de origen divino para los muy creyentes o burdo truco alquímico (con fines presumiblemente recaudatorios, como solía ocurrir con el rentable comercio de las reliquias), parece una simple superchería consentida y propalada por la propia iglesia católica, que no se atreve a certificar el milagro, pero tampoco autoriza un sencillo análisis que determine la naturaleza de las sustancias contenidas en la ampolla y explique de una manera científica las causas del curioso fenómeno.

En resumen, San Pantaleón de Losa es un lugar cargado de simbolismos y misterios, con un precioso ejemplar de la arquitectura románica ubicado en un paraje de extraordinaria belleza, que merece más de una sosegada visita; por desgracia no parece disponer actualmente de una reglamentación clara que permita conocer también su interior, que se antoja igualmente interesante. Es Monumento Histórico-Artístico desde 1944, y declarado BIC por la Junta de Castilla y León, con la categoría de Monumento, en 2015.

Circular desde San Pantaleón de Losa y regreso por los sotos del río Jerea

San Pantaleón de Losa extiende su alargado caserío junto a la carretera BU-550, entre Quincoces de Yuso y Pedrosa de Tobalina; la carretera BU-553 enlaza a través del Puerto de la Horca con el valle alavés de Valdegovía/Gaubea. Una docena escasa de habitantes se reparten entre los tres barrios que componen la pequeña localidad: La Venta y La Tejera, flanqueando la carretera, y el Barrio de Arriba, al pie del vistoso farallón oriental de la Peña Colorada (729 m). En el Barrio de la Venta se abre un amplio aparcamiento con paneles informativos sobre los encantos del propio lugar y sobre el PRC-BU 62 "Sendero del Valle de Losa", con cuyas señales blancas y amarillas coincidiremos en algún tramo del recorrido, además de hacerlo con las blancas y rojas del GR 1 "Sendero Histórico" y del GR 85 "Ruta de los sentidos".

Desde el aparcamiento de San Pantaleón (630 m), prescindiendo por ahora de cualquier tipo de señalización, tomamos una visible estrada hormigonada que enfila directamente hacia los caseríos y la iglesia del Barrio de Arriba, entre huertas y prados con frutales. Al llegar a las casas, se traspone una portela metálica y, por una era particular pero aparentemente abierta al paso de personas, se alcanza el carretil para vehículos que asciende desde la propia carretera autonómica. Lo tomamos a la izquierda, bajo la iglesia de las Nieves, de rústico pórtico, y circunvalamos la peña por la ladera sur, siguiendo la calzada empedrada acondicionada para vehículos hasta la desmesurada plataforma que hace de aparcamiento, bajo la ermita; a juego con ella, la compañía eléctrica de turno, siempre preocupada por el impacto de sus actuaciones sobre el entorno natural y cultural, plantó allí mismo una descomunal torre de transporte de energía.

Toca pues hacer un esfuerzo de abstracción para centrarse en lo importante: la ermita de San Pantaleón, hito imprescindible por su belleza y singularidad para cualquier persona aficionada al románico y a las piedras viejas en general; y la cercana cima de Peña Colorada (729 m), que se alcanza en breve tras una corta rampa herbosa. Desde este panorámico otero, donde aflora la roca, la vista se pierde hacia las alturas de Peña de los Buitres y Alto del Pino, la sierra de Vienda y el sector burgalés de Valderejo, enmarcando la llanura del valle de Losa, por donde serpentea el Jerea; mirando a poniente, bajo las boscosas laderas de Peña Grande (737 m), Cotero Quemado (903 m) y Muyentes (858 m), se dibuja el amplio recodo que traza el río, que perfila un sugerente rincón al que nos dirigiremos para estirar el corto paseo.

Descendemos de la cima hasta la línea del tendido eléctrico, donde unos grandes montones de piedra recuerdan la pasada existencia del castro prerromano, y localizamos un sendero que baja en paralelo a los cables por una mancha mixta de robles, pinos y encinas, donde corretean alocadas las ardillas. En primavera, la llegada junto al cauce del Jerea supone una auténtica sinfonía de trinos y croar de ranas; con suerte, el destello rojo y azul metálico del martín pescador te deslumbrará un instante y quedará impreso para siempre en tu retina; en los remansos se intuye la presencia de la escurridiza nutria.

Seguimos el río a contracorriente hasta localizar, en el extremo más occidental del meandro, unas piedras que permiten en condiciones normales vadear y cruzar a la otra ribera, donde prosigue una pista ascendente que se dirige a Castriciones. La descartamos y seguimos el delicioso sendero (GR 1, sin marcas a la vista) por la orilla derecha orográfica del Jerea, que aquí se remansa y se espeja, sin cesar ni un instante el coro de ranas y pájaros que ameniza el paseo. En algún momento enlazamos con el PRC-BU 62, que deja ver un pequeño poste de señales con la dirección hacia Río de Losa y hacia San Pantaleón; siempre junto al río, seguimos esta última, trasponemos un vallado (mixto de madera y muelles de somier) y alcanzamos el feo puente que nos devuelve a la orilla izquierda del Jerea, con la insólita ermita de San Pantaleón encaramada en la peña sobre nuestras cabezas.

Los postes de señales indican que nos encontramos en el trazado del GR 1, GR 85 y PRC-BU 62; para rematar el circuito a Peña Colorada, elegimos la dirección de este último, que asciende un repecho hormigonado hasta el Barrio de Arriba, y luego, por la estrada ya conocida, regresamos al aparcamiento de San Pantaleón de Losa (alrededor de 1 hora el paseo completo, que la curiosidad  y la contemplación relajada alargarán, muy previsiblemente).

Acceso: San Pantaleón de Losa (20 min)

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