Zorionak! Eman diezaiogun zentzua informazio honi...
Osatu berrikuspena informazio baliagarri eta egiaztatuarekin, beste erabiltzaile batzuek erreferentzia baliotsu eta interesgarri bat aurki dezaten.. Erabili formatu egokia, egiaztatu ortografia eta arreta jarri kalitateari. Informaziorik gabeko gailurrak administratzaileek ezabatu ditzakete..
Cuando se transita por la hermosa carretera entre Vimioso y Bragança, en la comarca de Tras-Os-Montes, llama la atención del viajero la presencia de un cerro coronado por las ruinas de una fortaleza. Se trata del Castelo de Outeiro (809 m), humilde atalaya rematada por algunas rocas de granito, que tuvo gran relevancia en las tensiones transfronterizas de épocas pasadas. A pesar de su modesta elevación con respecto a las tierras circundantes, es necesario desplazarse unos cuantos kilómetros hacia cualquiera de los puntos cardinales para encontrar una altura mayor; por esta razón y por su cercanía a la raya fronteriza con Castilla, el otero de Outeiro fue elegido como emplazamiento perfecto para construir una fortaleza desde la que poder controlar los movimientos de las tropas del Reino de León.
La construcción, de la que apenas quedan algunos muros esparcidos por la parte alta del cerro, data del periodo entre los siglos XII y XIV, si bien parece ser que pudo haber estado poblado con anterioridad. Su historia está ligada tanto a los conflictos entre leoneses y trasmontanos como a las complejas tramas internas entre descendientes de la realeza portuguesa para hacerse con la corona. Es de destacar que, a finales del siglo XIV, el rey João I impulsó la construcción de viviendas dentro del recinto fortificado para potenciar su carácter de defensa, eximiendo a cambio de pagar tributo alguno a todas aquellas personas que construyeran casa intramuros.
Posteriormente, durante los siglos XVII y XVIII, el castillo fue invadido por las tropas españolas durante la llamada Guerra de la Restauración, una serie de enfrentamientos tras la obtención por parte de Portugal de su independencia. El paulatino deterioro del recinto ya había dado comienzo y tuvo su continuación en los siglos posteriores, quedando desafortunadamente fuera de cualquier plan de restauración.
Desde Outeiro
Sencilla y breve ascensión perfecta para tomar el aire e impregnarse un poco de historia y del florido paisaje primaveral que inunda de color y aroma esta montañita, haciendo de esta estación la más idónea para la breve visita.
Siguiendo la señalización del castillo hasta los pies del cerro, se toma un amplio camino de piedra suelta que parte junto a unas casas situadas al sur de la población de Outeiro (709 m). La pista, flanqueada por matorral de brezo blanco, se abre paso entre vistosos campos de viñas, almendros y portentosos castaños antes de alcanzar el camposanto de la población, levantado en la ladera occidental del cerro.
Un poco más arriba, en el punto donde se alcanza el cordal, la pista se bifurca pudiendo tomar cualquiera de las dos opciones, pues ambas rodean el recinto por completo; la de la derecha transcurre por la falda de poniente, permitiendo divisar los escasos restos de la fortificación, para acabar girando a la izquierda hasta alcanzar la cumbre por el sur, donde debió estar situada la puerta de acceso.
El elevado vértice geodésico del Castelo fue colocado encima del grueso muro de la fortaleza que vigilaba el fronterizo río Maças (Manzanas), curso fluvial que nace en la cercana sierra zamorana de la Culebra. Las clásicas grapas metálicas para alcanzar la base del pilar se encuentran sueltas y en estado bastante precario.
De la planta del recinto, que debió ser ovalada, pueden apreciarse únicamente restos de muros construidos en granito. Nada queda, sin embargo, de la torre del homenaje, de la que se cree que pudo llegar a alcanzar los veinte metros de altura.
Para el descenso hasta la bifurcación tomamos la opción desechada al alcanzar el cordal, retrocediendo unos pasos desde el vértice hasta tomar el camino que transcurre por la vertiente E del cerro, mucho más frondosa y umbría, donde no falta el amarillo intenso y fragante de los piornos en flor, acompañado del omnipresente brezo blanco. Alcanzada la bifurcación, tan solo resta desandar nuestros pasos hasta el punto de partida.
Outeiro posee una vistosa basílica (Santo Cristo, s. XVII), única en toda la región transmontana, en la que destacan sus dos torres simétricas y un gran rosetón sobre la entrada principal, además de algunos elementos barrocos en el interior. En una plazoleta, frente a la fachada principal, se alza un no menos elegante pelourinho del siglo XVI. Ambos elementos están declarados monumentos nacionales.
Acceso: Outeiro (20 min)
