Gora

Cerro Robledillo (1.611 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2017/06/28
Aldatze data
2017/06/29
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Modesta cumbre del sector más occidental de la Sierra de Ávila, el Cerro Robledillo (topónimo desconocido y ajeno para los habitantes de la localidad abulense de Amavida) es la única cota que no ha sido invadida por los agresivos molinos del parque eólico que corrompe las alturas del vecino Berroco Negro y la Cabeza Mesá (1676 m), máxima altura del conjunto montañoso situado entre la carretera de Villatoro a Vadillo y el Puerto de las Fuentes.(1504 m).

Pero si por algo destaca esta montañita es, sin duda alguna, por la presencia de las evocadoras ruinas del Monasterio del Risco no lejos de la cumbre, en una aislada ubicación de gran belleza y singularidad a la que solo es posible acceder a pie. El Monasterio de Nuestra Señora del Risco fue erigido a principios del siglo XVI por un fraile llamado Francisco de la Parra, quien se retiró a este apartado rincón abulense para vivir como ermitaño junto al covacho donde, según la creencia, un pastor había sido testigo de apariciones marianas dos siglos atrás.

A lo largo del siglo XVI, la pequeña ermita fue creciendo hasta convertirse en convento agustino. Diversas concesiones por parte de las autoridades eclesiásticas hicieron que el edificio religioso se convirtiera en un importante centro de peregrinación. Tras la fundación del monasterio, los monjes adquirieron gran poder económico, llegando a poseer numerosos terrenos incluso en tierras extremeñas y participando de los beneficios de la Mesta con varias decenas de miles de cabezas de ganado ovino. Antes de su abandono y total expolio como consecuencia de la desamortización de Mendizábal en 1835, el Monasterio vivió su mayor apogeo entre los siglos XVII y XVIII. De este período datan buena parte de las construcciones de las que dispuso el complejo religioso, en las que, además de iglesia y dependencias monacales, no faltaba una hospedería para acoger a los visitantes, además de edificios destinados a cobijar el ganado y grandes y amplias terrazas de cultivo sustentadas por robustos y altos muros para vencer las adversidades orográficas.

Buena parte de estas ruinas pueden ser observadas y, aunque con mayor dificultad debido al abandono y a la proliferación de matorral y zarzas, recorridas con cautela. Es de destacar que el monasterio llegó a contar con un impresionante sistema hídrico, del que resultará difícil encontrar vestigios, si bien los lugareños, que aseguran asistir a un paulatino y rápido deterioro de las ruinas año tras año, cuentan haber sido testigos hasta hace poco tiempo del sorprendente sistema de canalizaciones con que contaba el complejo monacal.

Pero sin duda, es la altiva torre de la iglesia la protagonista indiscutible de todas las piedras que componen la ruina. Su sorprendente ubicación delata la presencia del monasterio desde puntos lejanos, destacando especialmente si se presta atención al transitar por la carretera que atraviesa todo el valle de Amblés, entre las ciudades de Ávila y Plasencia. La construcción de la torre de la iglesia, a la que se puede acceder aún por medio de una bonita escalera de caracol, data de finales del siglo XVIII. Así mismo, puede apreciarse todavía junto a esta el arco de entrada al templo.

Como curiosidad, citar que buena parte del patrimonio con que contaba el monasterio se encuentra diseminado por las iglesias de la comarca. Muchos elementos arquitectónicos han desaparecido sustraídos por anónimos que han aprovechado durante décadas la situación de abandono del complejo eclesiástico y el hecho de no estar adscrito a ningún municipio hasta hace tan solo unos años, motivo por el cual fue incluido en el término municipal de Amavida en el año 2000.

Desde Amavida

Un poco antes de alcanzar las últimas casas de Amavida (1164 m), junto a un rústico puente de lajas, se encuentra un cartel que indica la dirección a seguir para alcanzar el edificio monástico. Sin embargo, la señalización es totalmente inexistente después, por lo que conviene tomar el camino correcto para alcanzar las ruinas y la cumbre del Cerro Robledillo. Si se atina bien, los últimos metros hasta el mismísimo pie de la torre se recorrerán por una de las calzadas medievales que comunicaban Amavida y Vadillo de la Sierra con el monasterio del Risco.

Tras abandonar el pueblo, pronto veremos el depósito de aguas de la localidad, situado encima de la pista que recorremos. Aunque podríamos proseguir por este ancho camino para acercarnos hacia nuestros objetivos, es mucho más agradable abandonarlo para alcanzar el depósito. Junto a él, parte un camino marcado por rodadas de vehículos que vamos a recorrer durante gran parte del trayecto. Siempre con la magnética visión de la torre del monasterio en el horizonte, bajo la suave silueta del Cerro Robledillo, el camino asciende muy suavemente, flanqueado a la izquierda por un vallado tras el cual pastan numerosas reses de ganado bovino. Recorrido un buen trecho, alcanzamos un pequeño pinar a la derecha, protegido por alambre de espino que nos obliga a cruzar una portilla. Si desde este punto abandonamos toda suerte de camino y nos lanzamos a la conquista del monasterio campo a través, siguiendo más o menos la línea de la loma que se dirige hacia el convento sin mayores obstáculos pero por un terreno algo incómodo de herbazales altos, terminaremos alcanzando los muros que elevan la calzada del terreno. Aunque del empedrado original apenas quedan restos, se aprecia con nitidez la bella línea de construcción de este vial.

Sin embargo, quizás lo más fácil y recomendable sea dejar este tramo recién descrito para la bajada, dado que las referencias visuales y geográficas ya nos serán más familiares y la orientación mucho más sencilla. Por ello, no tendremos prisa por alcanzar las ruinas, con lo cual, una vez cruzada la mencionada portilla del pinar, proseguiremos el camino original, que efectúa un leve giro al  N, pasando a cierta distancia bajo las ruinas monacales hasta dejarlas  atrás. Alcanzamos un paraje de gran belleza donde crecen impresionantes ejemplares de roble melojo. De uno de estos portentosos árboles, especialmente llamativo por el tamaño de su tronco, nos aseguró un paisano que es el mayor roble de toda la provincia. Curiosamente no se encuentra catalogado, si bien, este buen hombre nos indicó que recientemente había recibido visitas de personal de la diputación abulense encargada de estas labores.

A pesar de la lejanía, se pueden alcanzar desde el roblón los muros sobre los cuales los monjes tenían sus huertas, empleando para ello unos veinte minutos monte a través. Sin embargo, la decepción vendrá bajo los muros, al comprobar que, aunque tendremos la torre casi al alcance de la mano, a día de hoy la cerrada vegetación de zarzas hace totalmente imposible el avance hasta el núcleo más interesante de los vestigios. Por ello, lo más razonable y cómodo será alcanzar lo alto del cordal desde el gran roble, debiendo superar una pendiente moderada por un terreno algo irregular y pesado de altos herbazales que, sin embargo, no oponen ni de lejos la misma resistencia que los zarzales y urces que se van apoderando de las laderas.

Alcanzado el cordal en el collado (1544 m) entre Cerro Robledillo y el resto de la sierra y sus eólicos, cruzamos un muro de piedras para tomar una vereda que, entre aromáticos cantuesos y por un terreno más amable ya, conduce suavemente hasta la cima, presidida por un gran mojón de piedras. Excelentes vistas hacia el amplio valle de Amblés, sobre el que destaca la enorme y bonachona mole del la Serrota y su vecino, el Valderromán. Descubrimos también no demasiado lejos el aislado pueblo de Vadillo de la Sierra (1351 m), desde cuya carreterilla de acceso, que parte de Villatoro cruzando el cordal por un portillo (1480 m),  se puede alcanzar con facilidad el Cerro Robledillo y las ruinas del monasterio.

Debemos perder escasos metros hacia el sureste para magnetizarnos con la curiosa y llamativa imagen de la cercana torre del monasterio, a la cual podemos descender monte a través en apenas diez minutos, siguiendo algunos hitos.

No resulta sencillo dar con el covacho que, al parecer, dio origen al monasterio, ya que no se trata de una cueva evidente, sino de un pequeño hueco de entrada que se ensancha en el interior. Para alcanzarlo, partiremos de la torre hacia una característica roca de cuarcito, siguiendo una tímida sendilla horizontal por encima de la iglesia que se introduce entre las peñas en apenas un minuto. Aunque puede pasar desapercibida, ahí, entre las rocas que nos rodean, se encuentra el orificio de entrada al covacho, dentro del cual podemos apreciar una sencilla cruz marcada en la pared, en el lugar donde la creencia popular sitúa el emplazamiento de la aparición mariana.

Para descender a Amavida desde el monasterio del Risco, después de haber merodeado entre sus ruinas y haber leído el cartel que allí se encuentra, debemos llegar hasta el pinar y la portilla del camino de subida, caminando los primeros metros desde la torre por el antiguo y bello camino del monasterio, que conserva parte de su trazado. Cuando este se difumina y desaparece, nos dejamos caer sin problemas por lo alto de una amplia loma, acompañando a un muro de piedra al principio y siempre con la referencia visual del pinar al que se ha hecho referencia en la subida.

 

Solo resta cruzar la portilla y alcanzar las casas de Amavida en plácido descenso.

Acceso:  Amavida, por el vetusto roble (1h 45min)

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