Gora

Cogote (1.301 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2017/06/29
Aldatze data
2017/06/29
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En la ladera septentrional de la Sierra de Ávila, concretamente en el Puerto de las Fuentes (1504 m), tiene su nacimiento el río Almar. Sendos manantiales junto a la vetusta ermita de Ntra. Señora de las Fuentes dan inicio del curso de este modesto cauce fluvial que vagará por estas olvidadas tierras hasta morir en el Tormes, dejando a su paso pequeñas aldeas como San Juan del Olmo, Ortigosa y Solana de Ríoalmar y otras más remotas y de sonora denominación, como Manjabálago, donde el tiempo se detuvo alguna vez, quién sabe si para saciar la sed en su fuente romana y, desde entonces, parece no tener ninguna prisa por arrear.

Saludando al Almar en este amplio territorio entre la Sierra de Ávila y las extensas llanuras cerealísticas de la comarca de La Moraña, se alzan dos modestos cerros casi gemelos, los primeros relieves de cierta relevancia que se atreven a romper la bella monotonía de los campos dorados de la meseta. Se trata del Cerro del Cogote, o Cogote a secas (1301 m) y el Cerro de las Perdices (1284 m), situado sobre la población de Solana de Rioalmar (1150 m) el primero, separado a su vez del segundo por un collado (1190 m) por el que pasa una ancha pista que se dirige hacia Herreros de Suso.

Ambas montañas están pobladas por importantes manchas de encinar, además de extensas zonas de pasto donde pacen aún algunas cabezas de ganado ovino. La parte alta de los dos cerros cuentan con algunos afloramientos rocosos de roca cuarcítica, en especial la del Cerro de las Perdices, que cuenta con mucho mejores panorámicas que su vecina, a pesar de ser algo más baja.

Desde Solana de Rioalmar en travesía circular

En la parte alta de Solana de Rioalmar (1150 m), pueblo tranquilo donde los haya, se encuentra la calle Trascasas, en el extremo nororiental del núcleo. Existe un cartel que habla de las características arquitectónicas del pueblo e indica treinta minutos hasta la cima del Cogote. De allí parte una ancha pista que efectúa un gran giro hacia el E, transcurriendo por el pie del cerro para pasar después entre este promontorio y el Cerro de las Perdices, camino del lejano pueblo de Herrero de Suso. Será esta la pista por la que regresaremos después.

Para ascender al modesto Cogote sin necesidad de hacer uso del ancho y pesado vial agrícola, se abandona este inmediatamente tras el giro, entre el depósito de agua y un repetidor, para subir directamente monte a través hacia la visible antena que corona el cerro. La ascensión se efectúa sin ningún problema por la árida ladera meridional de la montaña, en la que crece aromático matorral de cantueso y algunas encinas, acompañadas por viejos y desvencijados muros de piedra que servían para separar las parcelas, hoy abandonadas. Alcanzamos así el repetidor, en estado de abandono, junto al que se ha colocado un panel panorámico en el que figuran los principales hitos geográficos que se pueden divisar. Unos metros más arriba, entre algunas encinas que impiden una panorámica generosa, se encuentra el vértice geodésico (0,25). Como curiosidad, encontramos bien custodiado por piedras y dentro de una elegante caja de hojalata un pequeño pero digno libro de firmas, el tercero ya (junio de 2017), según se lee en la portada del mismo (los dos anteriores, repletos de las impresiones de los caminantes que a esta modesta cima se acercan, se encuentran en el ayuntamiento de Solana). Los solaneros están orgullosos, sin duda, de su Cerro del Cogote, ese característico promontorio que se eleva sobre sus casas.

Para bajar al collado entre el Cogote y el Cerro de las Perdices, no tenemos más que seguir la suave loma hacia el N hasta dar enseguida con un camino que desciende hacia el SW, alcanzando la pista tras un pronunciado descenso (0,45). Una breve caminada por el vial agrícola, que tiene una anchura desproporcionadamente exagerada, nos deja en el collado entre ambos cerros (0,55), donde es preciso cruzar sobre un paso canadiense. También es posible alcanzar este punto desde el Cogote por un caminillo más amable pero menos claro en su comienzo, cerca de la cima, pues nos obliga a caminar un corto tramo entre el encinar hasta cruzar una alambrada (fácilmente) para salir del bosque por un sendero que conduce directamente al paso canadiense, a través de un terreno donde no será difícil toparse con algún jabalí o algún corzo, abundantes en la zona.

Al Cerro de las Perdices

Desde el paso canadiense, sobre un terreno limpio, aromático y bien abonado, basta con encaminarse directamente hacia el alto, paralelos a un muro de piedra y un sencillo corral tras el que pace un rebaño de ovejas custodiado por mastines. La piedra de la pared da paso a un alambre de espino, junto al cual ascendemos campo a través sin problema, buscando los pasos más cómodos y entretenidos para superar los tramos donde la roca hace su presencia. No tardamos en alcanzar el punto más elevado (1,15), señalizado con un pequeño apilamiento de piedras sobre unas rocas, donde nos sorprenden unas generosas y bellas panorámicas hacia todos los costados.

La vista alcanza las estribaciones de la sierra de Guadarrama a saliente y las alturas de las sierras de Béjar y la más alejada de Francia a poniente, además de las características prominencias entorno a la población salmantina de Béjar. Más cerca, los eólicos de la Sierra de Ávila (Cerro Gorría, 1726 m) y la Cabeza Mesá (1676 m). Incluso las más altas cumbres de Gredos asoman tras las moles de la Serrota y el alargado Cerro de Moros. Hacia septentrión son protagonistas los interminables campos dorados de cereal de La Moraña y el pequeño embalse del Milagro.

De vuelta en el paso canadiense (1,30), solo resta retornar a Solana por la ancha pista, en un tramo algo más tedioso pero afortunadamente no demasiado largo. Alcanzamos el cartel de la calle Trascasas en aproximadamente 2 horas de tiempo total.

Acceso: Solana de Rioalmar (30 min)

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