Gora

Peńón, El (922 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2017/07/05
Aldatze data
2017/07/05
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En su "Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal" (Madrid, 1828), Sebastián Miñano sitúa Poza de la Sal "...al pie de una peña muy elevada, sobre la cual está el castillo, y entre las faldas de otra montaña mucho más elevada que rodea el valle en que están los minerales y salinas...". En Poza llaman coloquialmente El Peñón al gran risco calizo que se cierne, amenazante y protector a la vez, sobre los apiñados tejados de la villa salinera. Otros lo denominan directamente El Castillo, en referencia a la fortaleza que ocupa la parte superior del peñasco y que parece querer eclipsar con su presencia cualquier consideración que no sea arquitectónica o histórica; pero antes (y después) del castillo está la peña, El Peñón, rotundo, desafiante y tremendamente atractivo desde el punto de vista montañero.

Lo cierto es que peña y fortaleza conviven desde hace siglos en perfecta armonía. El peñasco, de aspecto macizo o extremadamente afilado, según la orientación de su fachada, pero vertical en todas ellas, proporciona al castillo un emplazamiento espectacular y la deseada cualidad de inaccesible que persiguen este tipo de estructuras defensivas; la fortaleza, por su parte, perfectamente adaptada al entorno roquero, aumenta el valor estético de la cara menos favorecida del risco, y dota a la montaña de un extra cultural, histórico y patrimonial que multiplica el interés del Peñón como destino excursionista. Es tal la simbiosis entre ambos que el único acceso a la cumbre del Peñón (922 m) pasa inevitablemente por subir las toscas escaleras talladas en la dura roca, franquear las puertas del castillo, recorrer sus antiguas dependencias y trepar hasta su terraza más elevada.

Curiosamente, en el escudo municipal de Poza de la Sal no aparece representado el castillo, sino un puntiagudo peñasco flanqueado por dos encinas. Saturnino Andrés Díez Guillarte, informante de Poza en 1796 para el frustrado Diccionario Geográfico de Tomás López Sellés, disipa cualquier tipo de duda sobre la identificación de la peña protagonista del escudo, cuando apunta: "Las armas de la villa son un peñón y dos encinas, sin duda porque el peñón de su castillo las tiene...". (Extraído del artículo de Inocencio Cadiñanos Bardeci: "Cuatro pueblos de Burgos en el diccionario de Tomás López: Briviesca, Castrojeriz, Melgar de Fernamental y Poza de la Sal". Boletín de la Institución Fernán González. Burgos, 1993). El Peñón, que en heráldica es símbolo de firmeza y estabilidad (las encinas aluden también a fuerza y constancia), parece erigirse pues como una de las principales señas de identidad de los pozanos desde época ancestral.

El Castillo de los Rojas

La villa salinera de Poza quizás sea el municipio con más paneles informativos por habitante de la provincia de Burgos. En un simple paseo, hemos tropezado con puntos de información panorámica, planos con los lugares de interés del término, "Itinerarios medioambientales", paneles del "Diapiro y salinas de Poza de la Sal", de la red de senderos "Raices de Castilla", de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León y hasta del recorrido urbano "Tras las huellas de Félix" (recordemos que el naturalista y divulgador Félix Rodríguez de la Fuente era originario de Poza de la Sal, donde cuenta además con monumentos y calle a su nombre).

Con tal derroche de información, nada más sencillo que recopilar datos sobre el alcázar que la familia Rodríguez de Rojas construyó en lo alto del Peñón en el siglo XIV, sobre un edificio anterior. Leemos en un panel ubicado junto al aparcamiento habilitado al pie del castillo:

"La fortaleza surge en los albores de Castilla, formando parte de la defensa de La Bureba durante el avance repoblador del siglo IX. La primera referencia al Castillo se encuentra en un documento del año 965, aunque la construcción que hoy admiramos corresponde a los siglos XIV-XV. Durante los siglos XI-XII formó parte de los reinos de Navarra y Aragón, fue cabeza de un alfoz englobando más de cien aldeas y, tras desligarse de la corona de Castilla en 1298, pasó a formar parte del señorío de Rojas. En 1468 se realizan obras de mejora a las que posiblemente corresponde la mayor parte de la construcción actual. Del siglo XV es también la muralla que cerca la villa, incorporándose a este conjunto en el siglo XVI el palacio que se observa en la ladera."

Otro panel cercano describe someramente el castillo y da cuenta de su utilización a lo largo de la historia:

"Emplazado en la cima de un macizo rocoso, aislado, de una verticalidad que lo hace casi inaccesible, no permitió otro acceso que peldaños tallados en la propia roca. Al pie del peñón quedan los restos de los dos cubos que flanqueaban el arco de entrada, del que aún se puede ver un salmer, y que constituyó la puerta de acceso al patio de armas de la fortaleza. Tuvo las funciones de prisión, vigilancia y defensa. Su ubicación, sobre la villa de Poza de la Sal, era estratégica para controlar el paso hacia la Bureba y defender tanto a la población como al Salero. En el siglo XVIII el castillo estaba abandonado tras haber prestado a sus señores valiosos servicios. Durante la Guerra de la Independencia, fue rehabilitado y los franceses ejercieron desde él la vigilancia de una amplia zona. Su último gran servicio lo prestó durante las Guerras Carlistas."

El año 2007, la Fundación del Patrimonio Histórico de la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Poza de la Sal financiaron la rehabilitación de los restos del castillo, mejoraron los accesos al mismo mediante pasamanos y barandillas y procedieron a la señalización y a la puesta en valor del enclave como elemento potenciador del turismo en la comarca. En la actualidad, un amplio aparcamiento para vehículos, accesible desde la carretera BU-502 que asciende de Poza al Páramo de Masa, facilita la visita a cambio de degradar visualmente la fachada occidental del Peñón.

El Castillo de los Rojas y las Murallas medievales de Poza de la Sal cuentan con la declaración genérica como Bien de Interés Cultural, en virtud del "Decreto de 22 de abril de 1949 sobre protección de los castillos españoles", al parecer aún vigente, redactado en términos que nos devuelven a la época triunfalista y rancia de la postguerra. El propio casco antiguo de Poza de la Sal, compuesto de callejas tortuosas y empinadas y en lento proceso de rehabilitación, es Conjunto Histórico Artístico desde 1982; sin duda merece una relajada visita, al igual que el complejo de las Salinas y el diapiro (BIC con la categoría de Sitio Histórico desde 2001), cuya explotación y comercio desde la antigüedad son la auténtica razón de ser de la histórica villa salinera.

Para ampliar la información sobre la zona y sus recursos excursionistas y culturales, es aconsejable consultar el excepcional trabajo de Itziar Lazurtegi: "Recorriendo el diapiro de Poza de la Sal", publicado en el nº 242 de Pyrenaica (año 2011), así como las reseñas aparecidas en Mendikat sobre las cimas de Altotero (1176 m), El Castellar (1024 m), San Cristóbal (1127 m), San Andrés (1145 m) y Colchón (1154 m).

Desde Poza de la Sal

Proponemos un sencillo y panorámico itinerario circular, señalizado en parte, hasta el castillo y la cima del Peñón (922 m), con prolongación de ida y vuelta a otros dos elementos históricos y etnográficos del entorno (Picón de Santa Engracia y Pozo de nieve), y visita en el descenso a las ruinas consolidadas del Palacio de los Marqueses de Poza.

Elegimos como punto de inicio la Plaza Nueva de Poza (750 m), una insólita explanada construida extramuros del intrincado núcleo medieval de la villa, magnífico mirador sobre las llanuras burebanas y sobre el largo cordal de Obarenes. Hay que subir junto a la muralla por la calle La Red y continuar luego a la izquierda (S-SW), dando la espalda al arco ligeramente apuntado de la Puerta de las Eras, por la calle Cristo. Pronto, al finalizar las casas, se separa a la derecha una amplia pista ascendente que deja a la mano contraria la ermita del Cristo, con su pradera anexa dotada de mesas.

El ancho carretil, en el que aparecen algunas marcas de pintura blanca y verde, realiza un único quiebro a la derecha y se orienta, bajo afiladas agujas e imponentes cantiles de roca, hacia el collado occidental del Peñón. Poco antes de alcanzarlo, se desgaja a la derecha un camino señalizado con un poste del PRC-BU 67 "Las salinas de Poza", por donde retornaremos más tarde a la villa salinera; el aspecto del Peñón desde esta posición, con una torre cilíndrica del castillo rematando su estilizada aguja, es impresionante.

En el extenso collado situado a poniente del Peñón nos espera el aparcamiento de tierra, al que llega un corto ramal señalizado desde la carretera de Poza al Páramo de Masa, acondicionado con mesas, fuente y paneles informativos sobre el Castillo de los Rojas; si el día destinado al ascenso es festivo, habrá que compartir el último tramo del camino con otras personas que han elegido el castillo como destino cultural, turístico o dominguero, chancla y tacón incluidos a pesar de la rudeza del acceso.

Franqueado un primer recinto amurallado o barbacana, la abrupta senda se abre paso en la pared rocosa a base de toscos peldaños tallados en la dura caliza del Peñón; barandillas y cadenas a modo de pasamanos acotan la empinada escalera y proporcionan la seguridad necesaria para permitir el ascenso a todo tipo de personas. Finalmente, es preciso penetrar en la fortaleza por una puerta ligeramente ojival, recorrer una galería semiexcavada en la roca, iluminada por varios tragaluces defensivos (buhederas), y realizar un giro a la derecha (otro recurso defensivo común en los castillos medievales) para salir a la terraza superior, defendida con una barandilla en todo su perímetro.

El punto culminante del Peñón (922 m), en cambio, exige encaramarse a un breve promontorio, bastante aéreo y sin ningún tipo de protección, que puede resultar algo vertiginoso y poner a prueba los nervios de los montañeros más impresionables. La escueta cima, que sin duda ejerció en la antigüedad funciones como torre de vigilancia, constituye una atalaya soberbia sobre el entorno más cercano y sobre las rutas que antaño recorrían La Bureba; impresiona la cresta rojiza que se precipita hacia las eras y los pozos de salmuera del Salero, y la vista cenital sobre los tejados del abigarrado caserío de Poza de la Sal.

De vuelta a la explanada del aparcamiento, merece la pena seguir un marcado camino que asciende suavemente y en corto trecho hasta el Picón de Santa Engracia, un monumento erigido en 1805 por los salineros de Poza, como agradecimiento a las mejoras realizadas por la administración de Carlos IV para la explotación de las salinas (de esta época data la construcción de la Casa de Administración de las Reales Salinas y de los almacenes de sal de La Magdalena y Trascastro). Desde el Picón, la senda continúa hasta los restos de la Nevera, construida en el siglo XVIII para el comercio de la nieve; además del propio interés etnográfico e histórico, el corto paseo permite interesantes y cambiantes perspectivas sobre la fachada occidental del Peñón.

De regreso al aparcamiento, tomamos la pista utilizada en el ascenso hasta la bifurcación señalizada con las balizas del PRC-BU 67, que indican la ruta hacia las salinas por el Palacio de los Marqueses de Poza. El corto tramo de descenso por la vertiente oriental del Peñón discurre entre ruinas venerables, atraviesa una remozada torre del palacio por un tramo acondicionado y alcanza los depósitos que abastecen de agua a Poza, antes de perderse nuevamente por las retorcidas y empinadas callejas de la villa medieval. Entre los numerosos espacios a visitar antes de abandonarla, merece la pena acercarse al singular conjunto de fuentes, lavaderos, canales y acueductos (de tradición romana) de la llamada Fuente Buena o Vieja, en el arranque del sendero de las salinas.

Acceso: Poza de la Sal (30 min); la excursión íntegra, callejeo incluido, da para completar relajadamente media jornada

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