Gora

El Fraile (729 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2017/09/15
Aldatze data
2018/03/03
5

Cota discreta y de escasa prominencia situada al final de la estribación desprendida hacia el N desde la cima de Gustaldapa (935 m), sobre la ribera derecha del río Berrón; Gerardo López de Guereñu ya recoge el topónimo ("Fraile, peñas de Atauri") en la quinta relación de su "Toponimia Alavesa", publicada a mediados de los 60 en el Anuario de Eusko-Folklore. En su ladera oriental se recuesta el Barrio de Arriba de Atauri, en torno a la parroquial de La Asunción, que exhibe en su portada una puerta antigua de siglos con trabajadas tallas de madera y hermosos herrajes forjados.

Pese a su modestia desde el punto de vista orográfico, El Fraile adquiere cierta relevancia desde una perspectiva arqueológica e histórica. El cerro está inventariado por la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco como Zona de Presunción Arqueológica (nº 91 del catálogo del término municipal de Arraia-Maeztu), como probable asentamiento de un poblado fortificado de la edad de Hierro. Existen además sospechas fundadas, si no excesivos indicios, de que en su cima pudo situarse el legendario castillo de Atauri, documentado en diversas crónicas como una de las fortalezas en litigio durante las disputas fronterizas entre los reinos de Navarra y de Castilla, en torno al siglo XII:

"Esta zona fue constante conflicto entre Navarra y Castilla, circunstancia que hizo que existiesen numerosas fortalezas. El castillo de Atauri es un ejemplo. Este era una avanzada del reino de Navarra. Sancho el Fuerte lo cita en los fueros otorgados a Larraun en 1192 y Larraga en 1193. Luego, cuando Alfonso VIII en 1199 penetra en Alava, toma el castillo de Atauri y en su testamento promete devolverlo al rey de Navarra junto a los de Marañón, Campezo, Portilla de Corres y Antoñana." (Agustín Gómez Gómez: "Rutas románicas en el País Vasco". Ed.Encuentro. Madrid, 2000)

Sea como fuere, los arqueólogos tienen una labor ardua e ingrata para intentar recuperar restos de uno u otro yacimiento; en la actualidad la cima del cerro presenta un aspecto caótico, con su superficie removida por maquinaria relacionada con pasadas prospecciones o actividades extractivas de la industria minera del asfalto.

Asfaltos naturales de Maeztu

Dicen los manuales que los asfaltos son materiales aglomerantes, compuestos por hidrocarburos no volátiles y procedentes del petróleo. Pueden ser de origen sintético, como subproducto de la industria de transformación de los hidrocarburos, o de origen natural, por procesos de evaporación de las sustancias volátiles y permanencia de las bituminosas, a partir del petróleo emergido a la superficie terrestre a través de fisuras en su corteza. El asfalto natural se puede presentar formando grandes lagos de consistencia viscosa (los ejemplos más notables son el Lago Guanoco o Bermúdez, en Venezuela, y el Pitch Lake o Lago de la Brea, en la isla caribeña de Trinidad), o bien impregnando arcillas, areniscas o, como en el caso de los yacimientos alaveses, rocas calizas.

Las primeras concesiones para la extracción de asfalto en Araba datan de 1856, cuando se perforan galerías entre Atauri y Korres, y se construye en terrenos de esta última localidad la Fábrica de asfaltos de San Ildefonso, que se mantuvo activa hasta 1913. Progresivamente, a lo largo del siglo XIX y principios del XX, se ponen en marcha nuevas explotaciones, preferentemente en la actual comarca de Montaña Alavesa: Maeztu, Korres, Atauri, Peñacerrada, Loza, Kanpetzu... El nacimiento de esta industria generó en Álava grandes expectativas. Ya en 1880, el polifacético prohombre vitoriano Ricardo Becerro de Bengoa, propietario a la sazón de la mina de asfaltos Diana en la localidad de Loza (Peñacerrada), apuntaba en una de sus más célebres obras:

"Pero la riqueza principal casi intacta está aún en aquellos colosales bancos de roca asfáltica, de la que dijeron los sabios geólogos M.M.Verneuil, Collomb y Triger en su visita á estos criaderos: La roca calcárea de grano fino que contiene el betún está tan impregnada de esta sustancia, que en las hendiduras, y en las superficies desprovistas de vejetación y expuestas al sol corre el asfalto líquido por la superficie en grandes gotas". (Ricardo Becerro de Bengoa: "Descripciones de Alava - 1880". Real Ateneo de Vitoria, 1918)

En 1911, Vicente Vera, redactor del volumen III (Álava) de la "Geografía General del Pais Vasco-Navarro", coordinada por Carreras y Candi, se hace eco de la importancia que había adquirido en la provincia la minería del asfalto, y de sus expectativas de futuro, citando además expresamente la mina Lucía, en la Peña del Fraile de Atauri, como una de las más productivas:

"Son varios los parajes de la provincia de Alava donde aparecen rocas impregnadas de asfalto, pero los sitios en donde esta substancia se halla en mayor cantidad, son la jurisdicción municipal de la Hermandad de Araya (Arraia) y la comarca de Peñacerrada.
El primero de estos dos yacimientos es el más importante. Se extiende por los términos de Maestu, Atauri y pueblos próximos, donde los asomos ofíticos y yesosos indican haber ocurrido fenómenos eruptivos con los que debe relacionarse el origen del asfalto. Esta materia ha impregnado de un modo muy irregular las arenas y areniscas cretáceas y las calizas numulíticas, pero la explotación se ha limitado casi exclusivamente a estas últimas. Para ello se han demarcado y trabajado varias minas. Pero la más antigua de todas y de la que mayores cantidades se han extraído es la titulada San Ildefonso (...). La riqueza o ley de la roca en asfalto es muy variable, estando en algunos sitios tan sólo superficialmente teñida por esa substancia. Se ha calculado en un 12 por 100 el promedio del asfalto contenido en las calizas que se arrancan de esta mina, llegando a veces hasta el 20. Las labores se reducen á excavaciones irregulares, socavando el frente de la escarpa, y se presume que en este criadero puede haber sobre 60,000 toneladas de mineral, es decir, de caliza magnesiana suficientemente impregnada de betún seco.
Las minas Esperanza y Berta se hallan situadas hacia el Este de la de San Ildefonso, también sobre calizas numulíticas (...). A mayor espacio que en todas estas minas, se extiende la impregnación del asfalto en la titulada Lucía, situada en la Peña del Fraile, cerro inmediato al pueblo de Atauri, sobre la margen derecha del Ega, y se compone principalmente de calizas numulíticas, asomando muy cerca las areniscas que coronan el Cretáceo. El contenido de asfalto en la mina Lucía llega á 15 por 100 en las calizas y á 9 por 100 en las areniscas, calculándose que, en total, pueden ser extraidas 140,000 toneladas de rocas asfálticas; pero, hasta ahora, se han extraido cantidades poco importantes".

La extracción de betún asfáltico a partir de las rocas se realizaba inicialmente siguiendo las vetas más ricas en sustancias bituminosas a través de galerías subterráneas perforadas en la montaña; posteriormente se pasó a un tipo de explotación a cielo abierto, sin duda mucho más agresivo con el medio natural. En Atauri perviven muestras de ambos sistemas. Para ampliar datos sobre esta actividad minera en la provincia, se puede consultar el interesante trabajo "Mineros del asfalto" en "www.oficiostradicionales.net".

Para la explotación del asfalto en la comarca de Arraia-Maeztu, se crea en 1892 la Compañía de Asfaltos de Maestu, empresa que mantiene la actividad extractiva al menos hasta la década de los años 80. Parece que a partir de ese momento la producción decae y adolece de falta de continuidad, hasta llegar a paralizarse en una fecha indeterminada. Desde entonces, el entorno de la cantera de Atauri y sus instalaciones, la huella más visible de esta extinta actividad industrial, se deterioran a ojos vista y permanecen en una especie de limbo legal, a la espera de la restauración ambiental requerida por la normativa del Parque Natural de Izki o de su demolición definitiva.

El paraje está catalogado como LIG en el "Inventario de Lugares de Interés Geológico" de la CAPV, elaborado por el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno Vasco; en la ficha correspondiente se propone su restauración y adecuación como recurso interpretativo o didáctico. Durante los dos últimos veranos (2016-2017), por iniciativa del Ayuntamiento de Arraia-Maeztu, se han organizado campos de trabajo juveniles en la cercana Fábrica de Asfaltos de San Ildefonso/Gustaldapa, entre Korres y Atauri y en pleno parque natural, en un ejercicio de arqueología y restauración del patrimonio industrial dirigido a limpiar y consolidar los restos del vetusto poblado minero y a ponerlo en valor mediante paneles interpretativos y señalización adecuada.

Ruta circular desde Atauri, con ascenso al Alto del Fraile

El municipio de Arraia-Maeztu, y el entorno de Izki en general, está surcado por infinidad de sendas señalizadas. Entre los apiñados caseríos del Barrio de Arriba de Atauri, en sus alrededores e incluso por su subsuelo, se desarrollan algunos senderos señalizados de variada tipología. Al pie de la iglesia existe un panel de las "Sendas del Parque Natural de Izki", amén de un poste de señales del PR-A 61 "Circular de la Montaña Alavesa" y algunos indicadores de la "Vía Verde del Vasco Navarro", ahora denominado "Camino Natural del Ferrocarril Vasco Navarro".

El ascenso a la cima de El Fraile (729 m) sirve, en este caso, como complemento o simple excusa para realizar un interesante y suave paseo circular, utilizando algunos tramos de estas sendas y otros caminos evidentes y cómodos por el entorno próximo, variado, gratísimo y poco conocido, del pequeño concejo de Atauri; visitaremos, en un recorrido repleto de puntos de interés, la ermita del Santo Cristo de los Arrieros, la joya románica de la Soledad, la ribera del río Berrón, el azud y el canal del molino de Atauri, el túnel del "Trenico", las canteras de la Compañía de Asfaltos de Maestu....

Se inicia la ruta en el Barrio de Abajo de Atauri (636 m), al lado izquierdo de la carretera en dirección a Antoñana, junto a la fuente de apreciadas aguas y la pequeña ermita-humilladero del Santo Cristo de los Arrieros; curiosa advocación que nos retrotrae a los tiempos en que el transporte terrestre de mercancías se realizaba a lomos de caballerías y por medio de carromatos de tracción animal. Tiempos no tan lejanos, por otro lado. Los menos jóvenes aún recordamos a Ángel, el rechoncho carretero de Transportes La Camerana, repartiendo paquetería a mediados de la década de los 60 por las calles de Vitoria, a bordo de una inmensa galera de madera, descubierta y sin pescante, tirada por un mulo (el macho, le llamaba "El Carretero") resabiado a fuerza de años y de resbalar sobre los adoquines, que a los entonces niños nos parecía una bestia descomunal; macho y carro dormían en una amplia cuadra, cargada de una mezcla de aromas a hierba seca y de intensos efluvios equinos, situada en la calle Bueno Monreal, en pleno casco viejo de la ciudad, donde hoy se levanta la escuela infantil Haurtzaro.

Cruzamos la carretera y el río, ascendemos hasta la parroquial de La Asunción y, tras contemplar su artística puerta, le damos la espalda para seguir por la calzada hormigonada que sube al S-SW por la ladera oriental de El Fraile. En el collado (684 m), ascendemos junto al depósito de aguas (hay una pequeña cruz de madera sobre un pedestal de piedra) por unas viejas rodadas, entre desmontes y escombreras; buscando al final los mejores pasos por terreno removido y algo caótico, se trepa con cuidado al peñasco que marca la cima de El Fraile (729 m)(0,20). Paisaje ya conocido, pero con nuevas perspectivas, hacia los valles y montañas de Izki: Peñalascinco (907 m), Arburu (1048 m), Gustaldapa (935 m), Mantxibio (937 m), San Cristóbal (1057 m)...

De vuelta a la encrucijada de caminos junto al depósito, seguimos al S la pista que circunvala El Montecillo (744 m) hasta otro cruce en el collado (702 m) situado al sur de su loma boscosa; el ancho carril descendente al E conduce a la cantera y a las abandonadas instalaciones mineras de la "Compañía de Asfaltos de Maestu", que visitaremos luego. Ahora continuamos por la parcelaria, asfaltada en su inicio, que baja al W-SW, entre campos de cultivo y cerros poblados de robles y arces, hasta la ermita de la Soledad (0,45), con su ábside semicircular románico (s.XIII), desprovista de canecillos, tallas y otros ornamentos, pero encantadora en su sencilla desnudez; en una piedra de la jamba de la puerta asoma el grabado de un pez, uno de los símbolos del cristianismo primitivo.

Enfilamos hacia Atauri por la desmantelada vía férrea del "Trenico", reconvertida en "Camino Natural del Ferrocarril Vasco Navarro". Enseguida tocamos, a la sombra de sauces, alisos y fresnos, las limpias aguas del Berrón, refugio del visón europeo y de la esquiva nutria, represadas bajo el cercano viaducto, ya inservible, del ferrocarril; el azud que cruza de lado a lado el río alimenta el canal que antaño abastecía de fuerza motriz al molino de Atauri y a una pequeña central hidroeléctrica en Antoñana. El camino que pasa bajo un arco del viaducto, señalizado con las marcas blancas y amarillas del PR-A 61, nos puede devolver en un placentero paseo fluvial, tras rebasar un área recreativa y el cementerio de Atauri, a su Barrio de Arriba (1,00).

La alternativa a tan corto recorrido pasa por ascender, antes de cruzar bajo el viaducto, la corta rampa señalizada a la derecha, y recorrer los 362 metros del túnel iluminado que horada las entrañas del Fraile justo bajo las casas del pueblo. En la salida sur del largo pasadizo subterráneo, la vía verde enlaza otra vez con las marcas del PR y, juntos, se dirigen hasta el arruinado edificio de la estación de Atauri (1,10), de aspecto fantasmagórico.

Las minas de asfalto quedan a un paso, subiendo a la derecha por el ancho carretil. Deambular entre despojos industriales siempre resulta inquietante, aunque los colores de los graffiti que decoran los muros consiguen humanizar los desvencijados edificios y atenuar un poco su aire siniestro. Al margen de un hipotético paseo por las galerías de la bocamina que se abre en el frente de la cantera (que por un mínimo sentido de prudencia no podemos recomendar aquí), llama la atención el profundo socavón producido por décadas de actividades extractivas, con el remedo lacustre de su fondo inundado; es posible acceder a la orilla de la balsa, donde huele ligeramente a asfalto y se puede recoger muestras del mineral, a través de un corto túnel en su extremo septentrional, defendido por una inofensiva cadena y un inútil cartel de prohibición.

Tras la inocente aventura, un corto repecho por la amplísima pista de piso grisáceo nos sitúa en el ya visitado collado/encrucijada (702 m) al S de la loma del Montecillo (744 m); por terreno conocido, la pista al N nos devuelve al depósito de aguas y a las calles de Atauri (1,30 sin contar las abundantes paradas).

Acceso: Atauri (20 min)

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