Gora

Los Castillos, Alto de (1.392 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2017/11/29
Aldatze data
2017/11/30
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El topónimo Alto de los Castillos (1392 m) utilizado para denominar a esta peculiar montaña es absolutamente descriptivo, sin trampa ni cartón. Sobre sus laderas verdes de hierba, piorno y brotes tiernos de marojo se recorta la silueta inconfundible de una oscura fortaleza de recias murallas, rematadas por una torre central de aspecto fiero e inexpugnable. Así la vieron los paisanos de este apartado rincón del norte de Palencia situado a caballo entre los valles de Mudá (San Cebrián de Mudá) y de Santullán (Barruelo de Santullán). Probablemente más de una historia sobre el quimérico castillo y sus pobladores sirvió antaño para aliviar junto al fuego la oscuridad y el miedo de los largos inviernos de la montaña palentina, con la nieve rozando los aleros de las casas y el lobo, al otro lado de la puerta, aullando su hambre a la ventisca.

Al margen de lo que sugieren a la desatada imaginación popular los caprichosos relieves del Alto de los Castillos (1392 m), lo cierto es que nos encontramos ante una montaña de formas suaves, revestida de praderas y marojales y rematada por una quebrada cresta de oscuros bloques de cuarcita, que son los que le proporcionan su apariencia de fortaleza. Dotada de una apreciable individualidad, se trata de una estribación meridional de la colosal mole de Valdecebollas (2143 m), a través de la loma del Cueto de Comunales (2084 m) y Peña Cildá (1616 m), unida a su sierra matriz por medio del collado donde se asienta la aldea de Valle de Santullán, paso de la carretera que une Barruelo de Santullán con San Cebrián de Mudá.

Comarca con más pasado que presente, donde un puñado de aldeas con vocación ganadera vieron su vida alterada desde finales del siglo XIX por la explotación de la riqueza mineral del subsuelo; la muerte definitiva de la minería del carbón a mediados de los 80 dejó un paisaje de pueblos agonizantes, aunque la sangría de sus habitantes hacia los polígonos industriales de las ciudades menos lejanas ya había comenzado dos décadas antes (en apenas 30 años la población se ha visto reducida a menos de la mitad). Los pueblos conservan notables restos de su pasado histórico en sus iglesias románicas y en sus casonas solariegas; encuadrados dentro de los límites del Parque Natural "Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina", se percibe un esfuerzo por poner en valor su rico patrimonio etnográfico.

La Senda del escultor Ursi (PRC-P 2)

Ursicino Martínez (1932-2007), "Ursi", es un reconocido escultor palentino nacido en Villabellaco, aldea cercana a Barruelo de Santullán, en el valle del río Bahillo, entre el Alto de los Castillos (1392 m) y las últimas estribaciones sudorientales de la sierra Cebollera por Peña Cildá (1616 m) y la loma de Moradillo (1449 m). De vida azarosa y algo novelesca (antes de escultor, fue minero; luego emigró a Brasil, donde creó una empresa de plásticos a partir de una máquina de su invención), la mayor parte de su obra escultórica se puede contemplar en el Museo de Ursi, en Aguilar de Campoo. Obra muy variada, anclada a sus raices, utilizando en muchas ocasiones como materia prima la madera seca de olmos afectados de grafiosis, nos llama especialmente la atención el movimiento que sabe imprimir a sus figuras humanas (trabajadores, deportistas, niños jugando...), el tamaño exagerado de las manos de algunos personajes, hipertrofiadas por el trabajo, y el fino sentido del humor, a veces algo pícaro, que rezuman algunas de las escenas representadas.

A su muerte en 2007, por iniciativa del Grupo Muriel, colectivo de artistas al que perteneció el escultor, se proyectó la creación, en homenaje a Ursi, de una ruta escultórica por las sendas y bosques que solía recorrer en sus paseos. En junio de 2009 se inauguró la "Senda del escultor Ursi", ambientada con 30 obras variopintas de 18 escultores del colectivo Muriel; proyecto controvertido y cuestionado en su día, no solo por su elevado coste económico (400.000 euros a cargo de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León), sino también por la irrupción de tantos elementos, artísticos o no, en un espacio natural, por ende protegido como parque natural. Como era de esperar, en una colección tan amplia hay de todo. Sin entrar a valorar la calidad artística de cada obra, que queda para la crítica especializada en la materia, algunas esculturas parecen más amables con el entorno de esta atípica sala de exposiciones al aire libre; otras, en cambio, conseguirán sobresaltar y aturdir al corzo desprevenido y resultarán también algo chirriantes y fuera de lugar para más de un montañero.

Polémicas aparte, el resultado es un placentero recorrido senderista-escultórico de 11 km de longitud (3-4 horas de duración); circular, con tres posibles puntos de inicio (Santuario del Carmen, Villabellaco y Valle de Santullán); acondicionado con múltiples paneles informativos de contenido artístico, histórico y etnográfico; y dotado de dos miradores enfrentados, Rulaya y San Julián, este último cercano a la cima del Alto de los Castillos, de panorámica excelsa pero de proporciones desmesuradas.

Al Alto de los Castillos por la Senda de Ursi, desde el Santuario del Carmen

Ya hemos comentado que el PRC-P 2, "Senda del escultor Ursi", propone un recorrido circular con tres posibles puntos de inicio y final (Santuario del Carmen, Villabellaco y Valle de Santullán), dotados todos ellos de aparcamientos acondicionados y paneles explicativos de la ruta. Desde cada uno de ellos se pueden realizar también recorridos parciales de ida y vuelta, si el objetivo es alcanzar la cima del Alto de los Castillos sin completar el circuito. El inicio más lógico para el itinerario circular parece ser el situado en el punto más bajo, para acabar la ruta en descenso sin ese plus final cuesta arriba fastidioso para algunos.

El Santuario del Carmen, patrona de Barruelo de Santullán, se encuentra a corta distancia de Santa María de Nava, accesible desde esta localidad por un ramal asfaltado. Su origen se remonta a los primeros años del siglo XVII, construido en el solar de la ruinosa ermita de Fuenpreñal o Fuenpeñal (con talla de la virgen homónima, del siglo XVI); la cofradía de NªSª del Carmen, aún en activo, se fundó en el santuario ya en 1621. El edificio, que cuenta con hospedería y restaurante, presenta, dentro de su sobria uniformidad, una mezcla de estilos producto de sucesivas reformas y ampliaciones emprendidas en 1852 y 1900. En el entorno del santuario, con zona recreativa y fuente, hay una notable muestra de esculturas ligadas a la senda.

Junto al panel del PRC-P 2 (1070 m), tomamos el camino señalizado que asciende hasta la carretera PP-2125 (Barruelo de Santullán-Rueda de Pisuerga por San Cebrián de Mudá) y a la aldea de Villabellaco (0,30). Se puede visitar el taller del escultor Herminio Revilla, la iglesia de San Pedro, de origen románico tardío (s.XIII y posteriores) y otra buena colección de variadas esculturas, algunas de tipo naturalista y otras más simbólicas o directamente abstractas. Las señales abandonan el pueblo natal de Ursi por la zona más alta hacia el NW, por ancho camino entre praderas que se introduce luego en una densa mancha de marojo o rebollo (Quercus pyrenaica).

Tras un largo tramo con suave desnivel bajo el arbolado, la senda traspone la muga entre los municipios de Barruelo de Santullán y San Cebrián de Mudá y alcanza el mirador de peña Rulaya (1,50), con vistas hacia el Alto de los Castillos al otro lado de la vaguada del Bahillo; poco antes, un panel del parque dedicado a "La apicultura y el oso" nos recuerda la presencia puntual del plantígrado en la zona y el antiguo sistema de producción de miel por medio de dujos (llamados en otras regiones truébanos, trobos, cubetos, vasos, cepos, corchos...), troncos ahuecados de olmo o de roble, cubiertos por una laja de piedra, donde las abejas fabrican los panales. Luego, siempre por el marojal, el sendero alterna subidas y bajadas antes de entrar en Valle de Santullán junto a la iglesia de la Asunción (2,00), con portada gótica del s.XIII y fábrica del XVI.

Bajo la "Pilonera de la iglesia", un antiguo abrevadero con techumbre de madera para evitar que el agua se helase en invierno, se agazapa la figura de "La vieja", sugerente escultura en piedra de Lorenzo Duque. En la plaza de Valle, poco más abajo, otro panel llama la atención sobre la "Pila de la Cañada", un pequeño pilón de piedra utilizado antaño para lavar la ropa, posiblemente un antiguo sarcófago reutilizado para esa prosaica labor. Valle de Santullán, que a pesar de su nombre pertenece al municipio de San Cebrián de Mudá, conserva buenas casonas en su alargado casco urbano, donde se muestran también algunas piezas escultóricas y dos grandes paneles, relacionado todo ello con la senda de Ursi.

Sobre el pasado reciente de la localidad, leemos en un cartel: "Desde finales del siglo XIX, Valle de Santullán participó del desarrollo de la minería del carbón que impulsó el crecimiento demográfico de toda la comarca. En su ámbito tuvieron gran importancia las minas del Dos de Valle, que fue una explotación y una barriada minera construida al otro lado del monte, en terrenos del pueblo. Cuentan que el Dos de Valle era, a todos los efectos, un barrio de Valle que llegó a a tener más vecinos que el propio pueblo y que estaba habitado mayoritariamente por trabajadores asturianos".

La ruta cruza la carretera, traspone una barrera y prosigue (SE) por amplia pista ganadera, en suave ascenso por la ladera de la montaña; deja atrás el abrevadero de la Fuente la Pila, con su correspondiente escultura, y un simpático caracol de piedra, otra vez de Lorenzo Duque, antes de ganar un collado en la lomada, donde ya aflora la roca. Un camino herboso se desliza entre el piorno por la ladera de solana bajo los oscuros crestones de cuarcita, con el torreón central del Alto de los Castillos (1392 m) ya a la vista. La senda rebasa el farallón y alcanza el mirador de San Julián (2,30), descomunal y absurdo, aunque con amplias panorámicas hacia algunas cumbres señeras de la montaña palentina: Curavacas, Espigüete, Peña Redonda, Valdecebollas...

En un panel del parque natural, a la entrada de Valle de Santullán, hemos leído un interesante texto sobre este lugar, que está en el origen del topónimo Santullán: "Dentro de sus terrenos se localiza el agreste promontorio de Los Castillos, donde estuvo como eremita un destacado personaje del siglo XII: San Julián, que llegó a ser obispo de Cuenca. El enclave exacto de su lugar de retiro se conoce como Peñas de San Julián y allí existió una ermita en la que se daba misa una vez al año, entre gran concurrencia de personas de todo el entorno. Aquella ermita ya no existe, pero el topónimo de San Julián, transformado con el tiempo en Santullán, ha dado nombre a la localidad y a todo el valle aledaño."

Al W del mirador vemos cercana la peña más elevada del conjunto que conforman Los Castillos. Hay que bregar un breve tramo con los altos y desgalichados piornos y ganar una terraza herbosa en la umbría bajo la evidente peña principal, de aspecto inaccesible. Una corta y húmeda chimenea, algo trabajosa pero nada expuesta, permite alcanzar una primera repisa, hasta donde llega desde la otra vertiente una estrecha y empinada gatera. Otra chimenea, algo tiesa pero sin dificultad, revestida de abundante vegetación que denota ser escasamente transitada, trepa directamente hasta la aérea pero cómoda cima del Alto de los Castillos (1392 m) (F), auténtico nido de águila sobre este delicioso rincón del norte palentino (2,40).

El descenso del risco, algo delicado pero sin exposición, se impone por la ruta ya conocida. De vuelta en el mirador, las balizas se dirigen, junto a una especie de tulipán metálico, a la derecha de la gran cruz que domina el promontorio rocoso de Montemilagro (1375 m). Un vallado de madera nos introduce en un tramo escalonado que desciende con decisión hacia las praderas que anteceden a un hermoso bosque de marojos. La vereda, muy grata de seguir, serpentea entre el arbolado, traspone un par de vallados provistos de paso para personas, ignora algunas esculturas metálicas que le salen al paso y tropieza finalmente con la misteriosa figura del "Charro embozado", del artista salmantino José A. Muñoz Bernardo.

Por la ladera occidental de los cerros Peña Corba (1252 m) y Terradillos (1196 m), atravesado este último por un tendido eléctrico, la senda, ya convertida en pista, continúa descendiendo hacia los llanos prados que anuncian la llegada a una zona recreativa a la sombra de los álamos, y al final de la ruta en el santuario de NªSª del Carmen (3,40).

Accesos: Santuario de NªSª del Carmen: por Villabellaco (2h 40min); por el mirador de San Julián (1h 10min); Villabellaco (2h 10min); Valle de Santullán (40 min)

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