Gora

Peña La Isa (664 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2018/06/02
Aldatze data
2018/06/02

Peña La Isa (664 m) es un cerro aislado de doble cota, El Otero (628 m) y La Isa (664 m), modesto pero dotado de cierta prominencia, y rematado por un impresionante y pintoresco peñasco de aglomerado rojizo de apariencia totémica; por su esbeltez y por su enigmática singularidad, el vistoso monolito que corona la peña, inexpugnable para simples montañeros desprovistos de alas o de pies de gato bien entrenados, merece el pequeño esfuerzo que supone alcanzar su base.

La Isa, contracción popular por "La Dehesa" bastante habitual en tierras burgalesas, alza sus suaves laderas, revestidas de densos pinares y quejigares, sobre la orilla derecha de un Ebro remansado en el alargado embalse de Cillaperlata, al comienzo del Valle de Tobalina, y al pie de la umbría de la Sierra de La Llana, donde resuena aún el trajín de los resineros sangrando con sus azuelas la corteza de los pinos.

El Monte de Utilidad Pública Nº 594 "La Molina, La Isa y Otero", propiedad del Ayuntamiento de Cillaperlata, se inscribe desde 2006 dentro de los límites del Parque Natural de los Montes Obarenes, en su extremo NW, por lo que nuestra Peña La Isa forma parte también del ZEC y ZEPA homónimos, dentro de la Red Natura 2000 europea.

En la falda NW del cerro de La Isa se recuesta el variopinto caserío de Cillaperlata, un pequeño pueblo en el entorno de Trespaderne, con ayuntamiento propio, cargado de importantes vestigios históricos de época altomedieval, como el Monasterio de San Juan de La Hoz y las "cellas" eremíticas de La Cueva y El Covanuto. Su templo parroquial custodia además dos deliciosas tallas románicas que representan a la virgen de Covadonga (quizás la imagen original y más antigua de la "Santina" asturiana) y a la virgen de Encinillas, de las Mercedes o "del Negro día", protagonista de una curiosa leyenda que nos retrotrae a los lejanos y oscuros tiempos de la reconquista; para los espíritus curiosos y amantes de las piedras viejas, Cillaperlata es un destino imprescindible.

Hasta cinco senderos señalizados tienen su inicio en Cillaperlata o utilizan la localidad como lugar de paso. El PRC-BU 64 "Siguiendo al Ebro" es una ruta que discurre entre Frías y Cillaperlata, incluida en la red de senderos de la Mancomunidad denominada "Raices de Castilla", creada en 2003 por las villas de Oña, Frías y Poza de la Sal para la divulgación y promoción turística de sus bellezas naturales y patrimoniales. El PRC-BU 105 "Paseo por Valdenubla" y el PRC-BU 106 "Sendas resineras de la Sierra de La Llana", de la red de senderos del Parque Natural de los Montes Obarenes, proponen itinerarios circulares desde Cillaperlata con interesante contenido histórico y etnográfico.

La etapa 9 y su variante 9.1 del GR 99 "Camino Natural del Ebro" enlazan Trespaderne y Quintana Martín Galíndez a través de Cillaperlata, permitiendo visitar la Ermita de la Virgen de Encinillas. Por último, el GR 85 "Ruta de los sentidos", coincidente en este tramo con la etapa 9.1 de la senda anterior, pasa también por la ermita de Encinillas y por Cillaperlata en la etapa que une Trespaderne y Frías. Una adecuada combinación de estas rutas nos posibilitará conocer sin riesgo de despistarnos los principales puntos de interés en el entorno de Cillaperlata.

De cuevas eremíticas y monasterios altomedievales

Cillaperlata se alza a la orilla izquierda del Ebro, sobre una gran roca horadada por dos oquedades conocidas popularmente como la Cueva y el Covanuto, utilizadas desde antiguo como "morada, eremitorio, lugar de reunión del concejo y cuadra", como señala un panel a la entrada del pueblo. Leemos en otro panel cercano a la cueva principal, la única accesible, que "el nombre de Cillaperlata proviene de estas mismas cuevas, y conserva aún la raiz latina que demuestra su antigüedad, Cella-praelata (praelatus) o lo que es lo mismo CELDA PREFERIDA o SUPERIOR, seguramente por ser la más amplia y mejor situada entre todas las existentes en la zona".

Según otra versión, recogida en un panel informativo situado junto al remozado lavadero, a la salida hacia Trespaderne, "la palabra 'cella' designa en latín un recinto destinado a almacenar algo, pero en los primeros siglos medievales se utilizó también para referirse a las pequeñas cuevas o eremitorios rupestres que, a modo de celdas, servían de habitación a los anacoretas y ermitaños que hacían vida retirada en las montañas. La expresión 'petralata' significa en latín 'piedra ancha'. Por lo tanto Cillaperlata sería la 'cella' de la piedra ancha. De aquí vino también el nombre del alfoz de Petralada o Piedralada, una de las demarcaciones territoriales en que se dividió el Condado de Castilla y al que perteneció Cillaperlata." La visita desde el pueblo a La Cueva y el Covanuto, señalizada con tablillas, supone un cortísimo paseo.

Quizás a partir de este primer núcleo eremítico de Cillaperlata y otros cercanos (San Pedro y Cueva de los Portugueses, en Tartalés de Cilla, al otro lado del desfiladero de La Horadada sobre el Ebro) pudo surgir el Monasterio de San Juan de la Hoz, documentado ya en el año 790, aunque probablemente de origen más antiguo. Las venerables ruinas del cenobio, datadas desde época prerrománica hasta comienzos del siglo XIX, se sitúan a la entrada del barranco del Coto, en la umbría de la Sierra de La Llana, al pie del pico Castros (955 m); próxima al NW, por una senda marcada con tablillas, se extiende una amplia necrópolis (84 tumbas antropomorfas, de bañera o biformes) excavada en la arenisca, utilizada entre los siglos VIII y XI, bastante deteriorada por la erosión pero de interesante visita.

Las ruinas del Monasterio de San Juan de la Hoz son accesibles en poco más de 15 minutos desde el lavadero de Cillaperlata, en la carretera hacia Trespaderne, siguiendo inicialmente las señales de los PRC-BU 105 y 106 hasta el vallado metálico que impide el paso de vehículos al conjunto arqueológico, y luego las tablillas verdes o amarillas hasta el monasterio. Algunos elementos constructivos y ornamentales de San Juan de la Hoz (pila bautismal, portada románica, capiteles, cenefa visigoda...) se reutilizaron y se pueden contemplar en la actualidad en el templo parroquial de Cillaperlata y en su jardincillo anexo.

La Virgen de Covadonga y la Virgen del Negro Día de Cillaperlata

En la parroquial de Cillaperlata, bajo la advocación de Nª Sª de Covadonga, se venera una preciosa talla policromada románica (s.XII-XIII) de la "Santina", patrona de Asturias, procedente del Monasterio de San Juan de la Hoz y, posteriormente, del también desaparecido templo románico de San Juan, iglesia del extinto Barrio de Arriba de Cillaperlata. En algunos medios se especula con la teoría de que ambas imágenes, la burgalesa y la que desapareció del santuario de Covadonga en 1777 a consecuencia de un incendio (la actual está fechada en el siglo XVI), fuesen coetáneas e idénticas, lo que convertiría a la talla de Cillaperlata en la más antigua existente bajo esa advocación.

Hay quien llega más lejos y plantea la posibilidad de que la legendaria batalla de Covadonga hubiese tenido lugar realmente en el cercano desfiladero de la Horadada, donde parece documentarse una contienda con sonada derrota árabe en fechas similares a las propuestas para la acontecida en tierras astures. Hipótesis o suposiciones que el tiempo y las investigaciones de los expertos irán poniendo poco a poco en el sitio que les corresponda.

La batalla del desfiladero de la Horadada cuenta con una leyenda según la cual, para derrotar a las huestes sarracenas, las tropas cristianas comandadas por Don Pelayo habrían recibido ayuda de la Virgen de Encinillas, de las Mercedes o "del Negro Día", como se la conoce popularmente; el prodigio obrado por la Virgen del Negro Día habría consistido en alargar unas horas la duración del día para favorecer la victoria cristiana. Esta leyenda, por cierto, guarda un curioso paralelismo con la que se recoge en el Monasterio extremeño de Tentudía (1112 m) donde, corriendo el siglo XIII, un caballero de la Orden de Santiago, llamado también Pelay, invoca a la virgen: "Santa María, detén tu día" y consigue que el sol frene su curso lo suficiente como para derrotar a las tropas musulmanas; posiblemente dos versiones de la misma fábula, ideada por los estamentos laicos para alimentar las creencias religiosas del pueblo llano y perpetuar su sometimiento.

En un retablillo lateral del templo de Cillaperlata, escoltando a la imagen titular de la Virgen de Covadonga, se exhibe una preciosa talla en madera oscura con tintes dorados, de rasgos bastante arcaicos y factura probablemente románica, de la milagrera Virgen del Negro Día, rescatada de la ermita de Encinillas, situada en un meandro del Ebro cerca del puente de Valdecastro, a la salida del desfiladero de la Horadada (GR 99 y GR 85, entre Cillaperlata y Trespaderne).

A Peña La Isa desde Cillaperlata

Desde la zona oriental de Cillaperlata (550 m), se deja a la izquierda la pista que se dirige entre tierras de labor hacia Frías (PRC-BU 64 "Siguiendo al Ebro") y se toma el camino del cementerio; antes de llegar al recinto del camposanto, se sigue a la derecha, entre cabañas y huertas, un camino carretero que asciende suavemente por terreno despejado. En una marcada curva del camino, continúa de frente, por la pradera donde florecen en primavera el lino y las orquídeas, una senda que flanquea por el W una parcela de cereal, cruza un ralo pinar y se planta al pie de los recuestos noroccidentales del cerro del Otero (628 m), cubiertos de denso matorral (boj, brezos, aulagas, enebros...).

Evitando de momento penetrar entre los cerrados arbustos para ganar la loma, reseguimos a la izquierda, entre la finca y el monte, una débil traza que pronto se define y prosigue a media altura por un bosquete de quejigos y retorcidos pinos resineros (Pinus pinaster). Con fugaces avistamientos del impresionante peñasco rojizo que corona el cerro, el senderillo gana suavemente altura al SE, siempre a media ladera y sin ninguna intención de ganar la cercana loma que se perfila a nuestra derecha; un poco más abajo el corzo, sorprendido entre la neblina pastando goloso los tiernos brotes de trigo, protesta por nuestra presencia con ladridos airados.

En corto paseo, un último repecho nos coloca al pie del caprichoso monolito de Peña La Isa (664 m), junto a un erosionado saliente rocoso que recuerda el cuerno de una silla de montar. La trepada a la cima de la peña se antoja complicada, por lo que nos contentamos con rodearla para contemplarla desde todas las perspectivas posibles. Hermoso paisaje de montañas, algunas poco conocidas, especialmente hacia la cercana Sierra de La Llana, donde destacan hacia poniente las alturas de Larra (1005 m) y Miradores (1023 m). La aparente ausencia de caminos entre la cerrada vegetación no anima a buscar rutas alternativas de descenso, por lo que regresamos al pueblo por el cómodo sendero seguido a la ida; conviene tener en cuenta que entre la fauna silvestre de La Isa, ademas de corzos y jabalíes, proliferan las garrapatas.

Accesos: Cillaperlata (25 min)

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  • item-iconJavier Urrutia
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    Intento de ascensión por el espolón oriental el 12/10/2009. Superamos más de la mitad pero el conglomerado no está consolidado y lo que se tira hacia abajo o te cae de arriba no es ninguna tontería, de tal manera que los metros finales, aunque incluso más fáciles que la base, ahí quedaron pendientes. Tal vez, se deba explorar otra posibilidad que aunque no sea más segura, sí, al menos, menos agresiva.

    La Peña la Isa o Peña de la Dehesa no es una cota secundaria, se encuentra perfectamente individualizada al SE de Cillaperlata. Un residuo de la erosión cuya cima no ha sido aún conquistada.