Gora

Agudinas, Pico de las (1.869 m)

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Matilde Sanz Rebato
Sarrera data
2018/07/14
Aldatze data
2018/07/19
1

Lo que más llama la atención de este pico, formado por una sucesión de cotas muy próximas, de alturas muy similares, es el magnífico cráter lateral abierto en su ladera más próxima al pico Acero; se trata del Canchorral de las Hormas.

Dado que no hay nadie como un experto para explicar cualquier tipo de fenómeno, he realizado un corta y pega de una parte del jugoso trabajo publicado sobre los argayos ocurridos en Liébana; se puede leer en su integridad en www.valledeliebana.info/noticias13/argayos-liebana.pdf

 

Liébana es una comarca en la que las pronunciadas laderas que bajan desde las cumbres que la rodean hasta los valles interiores son propicias a la existencia de corrimientos de tierra o “argayos”.

III.- EL CANCHORRAL DE HORMAS (COLIO, 1902). Más recientes, ya del siglo XX, son otros dos argayos ocurridos en Liébana. El primero se produjo en mayo de 1902 y tuvo por escenario el pueblo de Colio y sus alrededores, donde, desde hacía siglos, se hablaba de “los diablillos de Colio”. Así lo contaba La Voz de Liébana en 1913: «El origen de esta conseja fue el siguiente. Sobre el mismo pueblo de Colio y a poca distancia de él se abre en la peña una estrecha garganta perpendicular de varios centenares de metros de longitud que comienza en el llamado Canchorral de Hormas. Por ese cañón, de vez en cuando, y sin que al parecer el hecho obedeciera a causa alguna externa, pues solía ocurrir en días serenos y despejados, caían enormes pedruscos que al rebotar en las paredes del cañón producían un ruido estruendoso y que se oía desde la mayor parte de los pueblos de Liébana. Ese hecho inexplicable, hizo creer que era producido por algún agente sobrenatural y la imaginación exaltada de aquellas gentes no encontró otra explicación que la de la intervención del diablo». Pues bien. «Taponando y obstruyendo la entrada superior del cañón existía allí desde hace varios siglos una gran piedra que contenía el empuje de las rocas disgregadas que se iban almacenando en Hormas» (...) «Pero llegó un día en que la roca que servía de tapón no pudo resistir el empuje de aquella inmensa mole de piedras que sobre ella pesaba y cedió y cayó por la garganta y tras ella todas las rocas disgregadas en el transcurso de varios siglos y que sumaban muchos millares de metros cúbicos de piedra. Todo ello revuelto entre un fango espeso corrió luego por el cauce del río de Colio como una avalancha destructora que arrasaba árboles, puentes, cercas, que nivelaba el profundo cauce y cubría las fincas de sus orillas, destruyendo las cosechas y dejando sobre el suelo antes fértil, espesa capa de arena y enormes montones de rocas. Ello ocurrió en el mes de Mayo de 1902». Y sigue relatando: «El enorme alud continuó su asoladora marcha por todo el cauce del río la Sorda o de San Lorenzo en una extensión de siete kilómetros hasta llegar al río Deva». Y concluye: «Entonces muchos lebaniegos y bastantes de fuera de Liébana fueron a contemplar ese fenómeno que no se repite con tanta frecuencia, para que se presente ocasión de presenciarle. El espectáculo era de una grandeza imponente; aquella masa informe, semifluida formada por el barro revuelto con trozos de árboles y grandes cantidades de piedra avanzaba lentamente con un ruido sordo producido por el choque de las piedras al rodar y chocar entre sí y por el crujido de los troncos y ramas que como leves pajas eran triturados en un momento. Sobre todo ello se veían flotar peñascos enormes que el alud dejaba luego depositados en las orillas a alturas inverosímiles. Sobrecogía el ánimo ver la fuerza enorme y la potencia destructora del alud y pensar que pudiera desviarse de su curso y encontrar a su paso el pueblo de Colio que tan próximo se hallaba. La imaginación ante la grandeza del fenómeno se figuraba en presencia de una de aquellas plagas y cataclismos bíblicos, con que Dios castigaba a su pueblo. Aún hoy es digno de verse y bien merece hacerse una visita al Canchorral de Hormas». Roberto Rodríguez Fernández, en la Guía geológica del Parque Nacional de los Picos de Europa, achaca este fenómeno al hecho de que «las calizas que forman estas cumbres se apoyan sobre un nivel de pizarras que, en momentos de precipitación intensa, se comportan plásticamente y tienden a fluir. Como consecuencia, una parte de la ingente masa de calizas situada por encima de las pizarras se ha desgajado de la montaña y ha ido deslizándose pendiente abajo al tiempo que se ha ido fragmentando», yendo a parar el material suelto al cauce del río La Sorda. El mismo autor aporta el dato de que “La Gran Llena” de 1902 «enterró la ermita de San Lorenzo, situada entre los dos barrios de Colio».

Desde Colio.

Dejamos Colio tras llegar a las últimas casas para ir ganando altura por una pista que nos llevará entre arbolado hasta las brañas de Las Pedreas, donde veremos una cabaña bien cuidada que dejaremos a la derecha. Ya en terreno despejado, y disfrutando de magníficas vistas, el suelo cambia de firme para girar luego en clara dirección N hacia la sencilla canal de Los Riscos. Entramos en el PN de Picos de Europa por terreno montañero, pero sencillo para llegar a los Puertos de Quirón. Al llegar al final de la subida, nos encontraremos un pastor eléctrico. Una vez abierto y vuelto a cerrar, tomaremos dirección W para en suave avance ir ganando altura hacia el collado de la Llosa (1.239 m).

Sin necesidad de llegar a él, y teniendo en todo momento a nuestra derecha el cierre de alambre, avanzaremos en dirección SW por terreno herboso para en suave ascenso llegar hasta un pequeño collado por debajo de Los Castros (1542 m).  Seguimos progresando, ahora por la ladera S del Pico Acero, hasta llegar a un nuevo collado, el Prado de los Treños (1604 m). Dejamos a nuestra izquierda el desolador Canchorral de las Hormas, avanzando por rastro de sendero, primeramente por la vertiente N y después por la S de nuestro ya cercano objetivo, el  Pico de las Agudinas.

Accesos: Colio, 3 horas 20 minutos.

 

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