Gora

Txatxarramendi, Isla de (26 m)

remove-icon
Matilde Sanz Rebato
Sarrera data
2018/08/14
Aldatze data
2018/08/14
1

La isla fue un embarcadero romano en el siglo II y a finales del XIX se construyó un balneario. Alfonso XIII estuvo allí cuando se desplazó hasta Bermeo para acudir al funeral de los 143 marineros que perdieron la vida durante la galerna que azotó la costa la madrugada del 12 al 13 de agosto de 1912.

Con anterioridad -el 26 de enero de 1896-, en sus comedores se celebró un banquete en homenaje a Sabino de Arana tras su salida de la cárcel después de ser condenado por un artículo escrito en una revista. También tomó sus aguas el socialista Indalecio Prieto.

Hoy, en su costa sur se ubica el instituto oceanográfico Azti, dedicado al estudio de los recursos pesqueros y alimentarios. Pero mantiene intacto el sotobosque que resume en su pequeño núcleo todo el encinar cantábrico, rodeado del mar o de los arenales, según la marea. 

“La isla de Txatxarramendi es un peñasco calizo aislado en el estuario que aloja actualmente un denso bosquete de encinas y sus habituales acompañantes: laureles, lentiscos, aladiernos y ruscos. Tras la foresta se cobija un edificio dedicado a la investigación pesquera. A principios del siglo XX, el aspecto de Txatxarramendi era, sin embargo, muy diferente del actual. En 1896 fue inaugurado en su cima un lujoso hotel dotado con baños de mar terapéuticos y con un salón con capacidad para 1000 comensales. En este hotel se alojaron monarcas, cineastas famosos y miembros de la aristocracia europea de la época. En 1936 cerró sus puertas y en 1946 fue demolido, dejando paso al encinar que sumió en la sombra los últimos vestigios de sus muros y escaleras.”. Texto copiado del panel informativo que se encuentra cerca del puente que da acceso a la isla. 

En el libro “Ruta Histórico-gráfica de Sukarrieta-Pedernales (1900-2014)” de J. Ruiz de Velasco, se citan algunos pasajes muy interesantes, además de aportar documentación literaria y fotográfica del Gran Hotel que hubo en la isla. Refiere que tenía 30 habitaciones y salones distribuidos en dos plantas. Se observa, no obstante, una discrepancia en las fechas ya que el citado libro refiere que el hotel estuvo abierto de 1896 a 1952.  

Dice el blog “Viajes morrocotudos”, en su entrada correspondiente al sábado 18 de abril de 2015, y copio textualmente: “El otro día fuimos a Plentzia, a comer a casa de un amigo que en sus ratos libres se dedica a restaurar botes. Y resulta que estaban reparando uno en el que se habia montado Ava Gardner en sus correrías por el Urdaibai. La historia se desarrolló en la isla  de Txatxarramendi donde la familia Gandarias instaló un lujoso balneario. Los Gandarias también eran promotores de los Ferrocarriles Vascongados y promovieron la ampliación del línea férrea desde Gernika hasta Pedernales para conectar mejor Txatxarramendi. Por sus instalaciones turísticas pasaron las figuras más rutilantes de la primera mitad del siglo XX. Al parecer,  Pedro Gandarias, nieto del patriarca Pedro Pascual Gandarias  y propietario de la isla, pasó más de una velada en la turbulenta compañía de Ava Gardner. Para camelársela, la llevaba a pescar bonito del norte en su suntuoso yate y, para llegar a ese yate, el animal más bello del mundo-como fue calificada por Louis B. Mayer-debía embarcar su figura felina en este humilde bote”.

Y para terminar con este pequeño goteo de historias, transcribo un fragmento del libro Las Sacas, de Patricio P. Escobal, donde se habla igualmente de Txatxarramendi. “Frente al muro que cerraba la huerta se veía la pequeña isla de Chacharramendi cubierta de árboles. Estaba unida a tierra firme por un estrecho y rústico puente de madera. En el centro de la isla había un hotel, casi vacío por ser invierno, donde un enfermo esperaba la visita de Mendieta. Como respuesta a mi curiosidad por la diminuta isla contó el médico (se refiere al Dr. Mendieta) de un cadáver que hacía muchos años había arrojado la marea a sus playas. El ayuntamiento de Mundaca no quiso recoger y enterrar al muerto alegando que el lugar estaba fuera de su jurisdicción. Lo mismo y por idéntico razonamiento fue el criterio de Pedernales. El caso quedó resuelto por la intervención de un tabernero del pueblo, el cual mediante generosa invitación de vino consiguió que los mozos del pueblo retirasen y dieran sepultura al ahogado. Adjudicado así el título de propiedad a Pedernales, su municipio vendió poco después la isla a un sujeto que instaló allí un criadero de langostas. Fracasado el negocio siguieron otras transacciones hasta que finalmente pasó la isla de Chacharramendi a ser propiedad de los Gandarias, prominente familia de Bilbao”.

Katalogoak

Irudiak

Track-ak

Iruzkinak