Gora

El Castillo (512 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2018/11/06
Aldatze data
2018/11/07
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La cartografía del IGN denomina El Castillo (512 m) a un cerro situado 2 km al N-NE de Haro, prácticamente en el cuello del meandro Tondón (también llamado Hondón o Dondón) y cernido sobre la orilla derecha del Ebro; el cerrillo, coronado por un ralo bosquete de pinos, es un pequeño islote de vegetación esteparia rodeado por un inmenso mar de viñedos con los que se elaboran los excelentes caldos de algunas de las más renombradas bodegas de esta localidad riojana (López de Heredia, Bodegas Bilbainas, Roda, Muga...).

En la cima de la colina se reconocen aún, circunvaladas en todo su contorno por un profundo foso, las ruinas de una construcción de planta rectangular, asentada sobre cuatro contrafuertes que dibujan sobre el terreno la forma de una estrella de ocho puntas, de perfiles bastante difuminados por el paso del tiempo. La Torre de la Estrella, como aparece nombrada en algunos medios, es una fortificación levantada en los convulsos inicios del siglo XIX para defender el Puente de Briñas, que había adquirido un gran valor estratégico a partir de la invasión de las tropas napoleónicas y de la Primera Guerra Carlista.

El fuerte, de vida efímera, se construyó en 1823 y fue demolido en 1852, al finalizar la segunda carlistada, para evitar su utilización en futuros conflictos; además de los restos visibles en la cima, dejó su evidente huella toponímica, El Castillo, en el nombre del cerro que nos ocupa. Popularmente es conocido también como Castillo de Briñas.

Desde el Puente de Briñas

Delicioso paseo otoñal entre viñas por la gran herradura que describe el Ebro en torno a los pagos de Tondonia, en terrenos colindantes entre Haro y Briñas; un auténtico regalo paisajístico y cromático, con el fondo de la sierra de Toloño y del sector riojano de los Montes Obarenes. El recorrido se completa con la visita a varios puntos de enorme interés etnológico, histórico y patrimonial, como el Puente de Briñas (gótico, s.XIII); el monumento en recuerdo de varios militares liberales muertos en la primera carlistada (1834); los restos de la Torre de la Estrella (s.XIX), en la cima del Castillo; el supuesto santuario celtíbero de Piedra Redonda y su lagar rupestre; o la Necrópolis medieval de Perdigón (s.X-XI) y su espléndido guardaviñas de falsa cúpula.

El Puente de Briñas (445 m), que en realidad pertenece al término municipal de Haro, se localiza junto al km 44,2 de la carretera N-124 en dirección a Vitoria, con acceso desde la misma y espacio para aparcar; también se puede alcanzar en poco más de 500 metros por la entrada norte a Haro desde Logroño, tomando una pista que nace a la derecha inmediatamente antes de cruzar sobre la propia carretera nacional. El puente es un magnífico ejemplar medieval de siete arcos apuntados en sillería, fechado en el siglo XI, aunque con bastantes reformas posteriores; no es improbable, dada la importancia del camino sobre el que se tiende, que sustituyera a algún puente anterior fabricado en materiales menos duraderos.

El paseo, marcado en su inicio con una señal del Camino de Santiago, comienza cruzando a la ribera opuesta del Ebro, donde El Castillo (512 m) presenta su fachada de poniente; antes, un panel proporciona datos sobre el propio puente y otro sugiere que en las orillas del río habita el escaso y esquivo visón europeo (Mustela lutreola), un carnívoro de hábitos acuáticos en grave peligro de extinción. Al otro lado del río, un tablero y un par de postes de señales nos informan que caminamos sobre el GR 99 "Camino Natural del Ebro", coincidente además con el "Sendero del Ebro", dentro de la red de "Rutas del Vino" balizadas por Adra (Asociación para el Desarrollo de la Rioja Alta).

Si nuestra intención consiste simplemente en coronar la cumbre de El Castillo (512 m), tomaremos la descarnada pista a la derecha, sobrepasaremos el cenotafio erigido en memoria de los siete militares liberales que perdieron la vida en una escaramuza junto al puente el 13 de marzo de 1834, y giraremos enseguida a la izquierda en la primera bifurcación; junto a un cartel del pago Perdigón, de Bodegas Roda, se bordea el viñedo y se trepa brevemente por el sendero hasta la cima, ocupada totalmente por los restos de la Torre de la Estrella. Un pequeño pilón geodésico de la Confederación del Ebro puntea la cota más elevada del otero, que goza de una panorámica soberbia sobre el Ebro y sobre los viñedos que colorean el meandro de Tondón.

Paseo circular por Piedra Redonda y la Necrópolis medieval de Perdigón

Resulta mucho más interesante seguir a la izquierda, desde el panel del GR 99, las balizas de la etapa 12.1 en dirección a San Vicente de la Sonsierra, por la pista que corre junto al Ebro al pie del corte occidental del cerro. En apenas diez minutos, las señales toman una bifurcación a la derecha, a la vista del curioso promontorio que se alza al E sobre los rectilíneos viñedos, rematado por una compacta peña cilíndrica, que alcanzamos por un senderillo que salva sin dificultad el ribazo.

Estamos en Piedra Redonda (493 m), un enclave fascinante dentro de su sencillez, considerado por algunas fuentes como un posible santuario celtíbero, aunque no se han realizado prospecciones que corroboren esta sugerente hipótesis; el peñasco, fácilmente accesible por una especie de escalinata labrada en su cara SE, está rematado por otra señal geodésica de la Confederación del Ebro, con amplias y gratas vistas hacia el inmediato entorno vinícola y hacia las sierras (Toloño, Obarenes...) que cercan por el norte la comarca riojana. El lugar, sagrado o no para los berones que habitaron estas tierras en la antigüedad, irradia misterio y magnetismo, y se presta a la pausa sosegada; al final de un murete de piedra en su ladera sur, se mimetiza con el terreno un viejo lagar rupestre.

Mirando al SW desde Piedra Redonda en dirección al cerro del Castillo, se interpone un pequeño altozano en el que se adivina la silueta puntiaguda de uno de los chozos emblemáticos del piedemonte de la sierra de Toloño, utilizados por los paisanos desde tiempo ancestral como guardaviñas y como refugio contra las inclemencias meteorológicas. Cruzando nuevamente la pista por la que discurre el GR, salvamos las viñas y ascendemos los ribazos incultos del cerro Perdigón (496 m) hasta la espléndida choza cupular de piedra que lo remata; la losa de arenisca tendida suavemente al mediodía fue elegida en época altomedieval (s.X-XI) como necrópolis de algún poblado cercano (está documentada la aldea de Tondón, que da nombre al meandro del Ebro, despoblada a finales del siglo XV), y aún es posible contemplar varias tumbas antropomorfas excavadas en la roca.

Una terraza plantada de cepas nos separa del Castillo (512 m), desde aquí una pequeña mota de escaso desnivel. Por la orilla del viñedo llegamos al pie del cerrillo y ascendemos los últimos metros hasta la cima. Por las características del promontorio y por su situación dominante sobre una ruta muy transitada, no resulta descabellado imaginar que la Torre de la Estrella fuera construida sobre los restos de alguna fortificación más antigua que custodiase desde tiempos remotos este estratégico paso sobre el Ebro.

Un breve descenso por el sendero de la ladera SW nos sitúa nuevamente en la pista procedente de Haro, junto al monumento funerario de la guerra carlista. Desde el pretil del Puente de Briñas no resulta difícil otear anátidas y otras aves acuáticas, que chapotean en la corriente y se esconden a nuestro paso entre los carrizos de la ribera; al atardecer, los últimos rayos de sol pintan de otoño en la orilla del río las hojas de los álamos (2 horas la ruta completa, a paso muy relajado).

Acceso: Haro, Puente de Briñas (15 min); por Piedra Redonda y el Chozo Perdigón (1 h)

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  • item-iconHugo Fernández
    2018.eko azaroak 10a

    Enhorabuena, Luis, por esta reseña tan bien documentanda. Un saludo.

  • item-iconLuis Astola Fernández
    2018.eko azaroak 7a

    Gracias; el lugar lo merece...

  • item-iconWetopia .
    2018.eko azaroak 7a

    Espectacular reseña.