Gora

San Cristóbal de Alba, Cerro de (1.196 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2018/12/13
Aldatze data
2018/12/13
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En su extremo más meridional, la Sierra Menera, divisoria entre Teruel y Guadalajara, se resuelve en un conjunto de cerros de apariencia discreta y altitud modesta, que vienen a morir de manera plácida y más o menos escalonada sobre las altas llanuras surcadas por el río Jiloca. El Cerro de la Nova (1384 m), Cabeza de la Fuente (1392 m), Barabanto (1414 m), Cerros del Peinao (1356 m), Alto del Montecillo (1139 m), Alto de la Choza (1218 m), Cerro de San Cristóbal (1196 m), Gallel (1261 m), o el Cerro del Buitre (1179 m), dibujan al sur y este del Cerro San Ginés (1601 m) un paisaje estepario de suaves relieves alomados repartido entre las comarcas aragonesas de Albarracín, Jiloca y Teruel.

A pesar de no ser, ni mucho menos, el más elevado de los nombrados, el Cerro de San Cristóbal, singularizado a efectos de inventario como San Cristóbal de Alba (1196 m) por su emplazamiento dominante sobre la localidad de Alba del Campo, se presenta en razón a su prominencia y a su situación relativamente individualizada como uno de los más destacados del sector. En la amplia plataforma cimera del cerro, totalmente antropizada, encuentran sitio el vértice geodésico, la rústica ermita dedicada a San Cristóbal, un estilizado pilón de piedras bien ensambladas y una multitud de tendejones que cobijan las mesas donde comen los vecinos el día de la romería del santo titular, en torno al 10 de julio.

Alba del Campo y el Castillo de Alba

Alba del Campo, perteneciente a la Comunidad de Teruel, es un pueblo grandote y algo desangelado que intenta escapar de manera activa y consciente de la epidemia devastadora de la despoblación rural. El municipio, que no llega a 200 habitantes, mantiene un bar, un pequeño comercio, una farmacia y hasta una peluquería; cuenta también con centro de salud y con una casa de turismo rural, y la escuela (integrada en el CRA "Cuna del Jiloca", junto a las de Santa Eulalia, Torrelacárcel, Villafranca y Villarquemado) sobrevive a duras penas gracias a sus tres alumnos, el número mínimo requerido en Aragón para mantenerlas abiertas.

Una animosa "Asociación de Amigos de Alba" se esfuerza por aglutinar a los vecinos (apodados "cenizos" o "cenizosos") en torno a actividades culturales, lúdicas y deportivas, entre ellas una popular y exitosa "andada", la Marcha Senderista Amigos de Alba (cuarta edición en 2018), que recorre cada mes de septiembre el austero paisaje albense, cuajado de ermitas (Santa Bárbara, San Cristóbal, la Inmaculada, Virgen de Mora), peirones (San Ramón, San Joaquín, Virgen del Carmen...), y pardinas, deshabitadas de antiguo y muchas de ellas arruinadas por el abandono de la actividad ganadera. El término municipal es rico en yacimientos arqueológicos (Cabezo de la Cisterna, Castillejo, Prado de Mora, Las Atalayas, El Villarejo...), que retrotraen la ocupación humana del territorio al menos hasta época ibera, con posteriores pervivencias medievales y árabes.

La joya patrimonial de la localidad, no obstante, es su castillo, una de las fortalezas medievales más desconocidas de Teruel, que exhibe sus sublimes ruinas, recientemente consolidadas y puestas en valor, sobre el cerrillo que domina por el norte el casco urbano. Los dos amplios lienzos de muralla almenada y la única torre conservada, de las cuatro con que contaba el Castillo de Alba, comparten espacio en la cumbre del cerrillo rocoso con la ermita de Santa Bárbara, enjalbegada de cal; blancos son también los pilones del calvario, que ascienden en hilera desde el pueblo, con azulejos de trazo candoroso decorando sus hornacinas. El castillo, existente ya en el siglo XIII y cimentado probablemente sobre la antigua muralla que cercaba un primitivo asentamiento ibero-romano, cuenta con un espectacular foso perimetral excavado en la roca, que defendía la ladera más vulnerable del cerro.

La torre de la antigua parroquial, de supuesta y no probada tradición árabe, y una voluminosa iglesia barroca (fechada a principios del s.XVIII), con su espléndida torre barroco-mudéjar de la misma época, completan el catálogo monumental de este pequeño municipio, rico en patrimonio histórico, religioso y etnográfico, que bien merece una visita.

Al Cerro de San Cristóbal desde Alba del Campo

Se alcanza Alba del Campo desde Santa Eulalia (6 km) o desde Villafranca del Campo (9 km), por una estrecha carreterilla local paralela a la línea férrea Zaragoza-Valencia. Desde la plaza del pueblo (974 m), junto a la parroquia, hay que callejear al W para localizar, al finalizar el núcleo urbano, el camino del cementerio; una amplia pista gravillosa, que ignora el ramal que se desgaja a la derecha hacia el camposanto, se dirige de frente hacia el voluminoso Cerro de San Cristóbal (1196 m), inconfundible por la ermita y el gran hito que lo coronan.

El peirón de la Virgen del Carmen, en un suave collado al pie de una pequeña cota rocosa (1044 m), señala el punto en el que abandonamos la pista para descender campo a través a la vaguada y volver a subir por la vertiente opuesta hasta una visible línea de tendido eléctrico que corta el Cerro de San Cristóbal a media ladera. Recorremos a la derecha en ligero ascenso el trazado al pie de las torretas, hasta que el camino da señales de comenzar a descender.

En ese punto optamos por abandonar el camino y trepar sin senda por la limpia ladera N del cerro; en la parte alta, cerca ya de la cumbre, aparecen algunos grupos de carrascas y hay que atravesar un breve tramo rocoso antes de alcanzar las casetas de hormigón desperdigadas al pie de la cima, señalada por el vértice geodésico denominado por el IGN San Cristóbal Alba (1196 m).

El banco corrido en la fachada sur de la ermita invita a disfrutar de los tibios rayos del sol otoñal. Desde el estilizado hito de piedras bien trabadas anexo al rústico edificio la vista se pierde a levante hacia las llanuras del Jiloca, enmarcadas al fondo por las alturas de la Sierra Palomera (1533 m), mientras que a nuestra espalda, en dirección contraria, se alza el inconfundible cono rematado de antenas de San Ginés (1604 m); al N, a los pies del cerro, el núcleo de Alba, con sus esbeltas torres y su castillo, dibuja una atractiva postal.

Para variar el descenso, buscamos la tradicional senda de romería que recorre la lomada a poniente, paralela y algo más elevada que la pista accesible para vehículos que casi alcanza la cima por la ladera sur, hasta confluir con ella cerca del collado occidental (1083 m). Ya por amplia pista, esquivando un par de lamentables escombreras locales, retornamos al vistoso peirón visitado en el ascenso y descendemos de vuelta al núcleo urbano de Alba.

Acceso: Alba del Campo (40 min)

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