Gora

Cabeço do Piquinho (821 m)

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Txomin Uriarte
Sarrera data
2019/08/06
Aldatze data
2019/08/06
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Pico, la segunda isla más grande de las Azores, con sus 445 km2 de superficie, exhibe unos llamativos contrastes de colores: la lava volcánica (que le hace denominarse la isla negra), el verde de los bosques de laurisilva y de los viñedos y el azul del mar que está en seguida a la vista. Uno de los recorridos más bonitos que se pueden hacer en la isla es el trilho (sendero) PR 30, que desciende desde una curiosa laguna en la meseta superior hasta la costa N, por un denso bosque tropical y, en el camino, nos permite acceder a una pequeña cumbre muy vistosa: el Cabeço do Piquinho.

Subimos desde San Roque por la carretera que va a Lajes, y al llegar a la meseta superior, a los 10 km, tomamos la carretera del centro de la isla, que es famosa porque supone la recta más larga de todas las Azores: 18 km. En seguida, en Areeiros, hay un cruce a la derecha, con la correspondiente señal, que nos lleva al lagoa do Capitâo (lago del Capitán). Es una de las siete lagunas que hay en la meseta y es particularmente bonita: redonda, muy limpia, con el Pico como telón de fondo (cuando se le ve, entre la niebla) y con la presencia de una curiosa colonia de patos mudos, de pico rojo, acostumbrados a las visitas.

Se puede comenzar allí el trilho PR 30, que baja en 3 horas hasta la costa N, en San Roque. El sendero está muy bien balizado, como todos los de las Azores.

Desde lagoa do Capitâo

Volvemos unos 500 m hasta un cruce a la derecha (800 m) con señal del PR 30. Se llama Curral Queimado y allí empieza una carretera sin asfaltar que se dirige en dirección W. Al cabo de un par de kilómetros, dejamos un  momento la carretera para subir a la derecha, sin camino, por la vertiente SW, de hierba y agujeros (como  los "ocultos" construidos por los topos). Ganamos una pequeña altura herbosa, con unas magníficas vistas hacia la costa N (y la vecina isla de San Jorge) y hacia el Pico. Es el Cabeço do Piquinho (861 m) (0,35), sin ninguna señal en la cima. En otros 10 minutos volvemos a la carretera por la vertiente NW, por un terreno similar al de la subida.

El trilho sigue por la carretera... y hay que estar un poco atento, porque justo cuando llevamos una hora andando hay señales claras de que hay que dejar la carretera, pero no se ve muy bien cómo, porque es un terreno vallado en el que pacen apaciblemente las vacas. Pasamos la verja  (1,00) y después de unos cuantos rodeos, a los 5 minutos el trilho entra por una puerta de madera en el  bosque.  Y es una maravilla: la selva tropical húmeda de laurisilva, cedros y brezo. Resulta un terreno bastante duro para andar, porque está compuesto por la combinación de tres elementos: suelo volcánico, un bosque muy cerrado y mucha humedad. Es fácil resbalar. Pero es para disfrutar.

Y eso dura casi hora y media hasta que hemos bajado los 800 m de desnivel y llegamos al llano y empezamos a cruzar carreteras y campos de labor. Y en otra media hora llegamos al final del sendero, en Sao Roque, a la altura del convento de Sâo Pedro de Alcántara, del siglo XVIII, muy bien conservado, con una hermosa fachada, como es habitual en las iglesias de Azores.

Habrá que organizar la recogida del coche que hemos dejado arriba.

Accesos: Lagoa do Capitâo (35 min)

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