Gora

Nevera (1.286 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2016/01/22
Aldatze data
2016/01/22
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El Tossal de la Nevera es la cota principal de la Serra d'en Seller, alineación montañosa a caballo entre las comarcas castellonenses de Alt Maestrat (catí) y Els Ports (Morella); en la vertiente morellana parece recibir el nombre de Tossal de Gibalcolla, por el barranco homónimo que lo delimita por el oeste. Otras cimas interesantes de esta pequeña sierra son el Tossal d'Orenga (1149 m), vértice geodésico, desgajado al SW por el Barranc d'en Priu, y la doble cota de Els Campanarets (1161 m). A través de las cabeceras de los Barrancos d'en Priu y de Gibalcolla, y de las lomas del Morral (1233 m) y del Tossal de la Marina (1234 m), enlaza con las altas planicies que culminan en la Mola de Vilar (1321 m) y la Mola d'Ares (1321 m), sobre el encumbrado pueblo de Ares del Maestrat.

En la montaña predomina el pastizal, aunque se conservan zonas de carrasca, y la umbría presenta importantes manchas de quejigal; las laderas, de fuerte inclinación, contrastan con una línea de cresta alomada y de pendiente suave, muy frecuentemente azotada con violencia por el mestral, el viento que viene del norte o noroeste. Pervive un importante patrimonio de arquitectura rústica en piedra seca: terrenos delimitados por larguísimos muros, antiguos bancales sobre paredes de piedra, que se adaptan a la fisonomía del terreno, barracas de pastor de planta circular y cubierta de falsa cúpula, perfectas en su rusticidad...; se percibe un apreciable esfuerzo de conservación de este paisaje singular con reminiscencias ganaderas y pastoriles.

Los restos del Mas de la Serra, cercanos a la cima, son el testimonio de un medio de vida, los masos, con origen en los siglos XIII-XIV, a partir de la retirada de los árabes ante el avance cristiano y el posterior asentamiento de pobladores aragoneses y catalanes; un sistema de poblamiento disperso basado en la autosuficiencia y en el aprovechamiento de los recursos agrícolas, ganaderos y forestales próximos, que conoció su apogeo a finales del siglo XIX y principios del XX. La guerra del 36 y los años posteriores inician la decadencia de los masos; en la postguerra, la resistencia antifranquista, con el fenómeno del maquis (Agrupación de Guerrilleros de Levante y Aragón, AGLA, muy activa en la zona) y sus enfrentamientos con la guardia civil, sitúan a los masoveros entre dos fuegos, forzados a elegir entre la colaboración o la delación, lo que provoca en muchos casos el abandono e incluso la destrucción de los caseríos. La industrialización de los años 70, con el consiguiente éxodo rural hacia zonas urbanas, acabará definitivamente con este modo de vida.

A partir del siglo XVII, coincidiendo con los periodos más fríos de la llamada "Pequeña Edad de Hielo" (s.XIV-XIX), las zonas montañosas de toda la fachada mediterránea, desde Cataluña hasta Andalucía, asisten a la proliferación de los pozos de nieve, pous de glaç o neveras; construcciones singulares, en ocasiones monumentales, destinadas al almacenamiento de la nieve, abundante entonces en zonas impensables en la actualidad, para su posterior traslado comercial hacia las zonas urbanas, con fines terapéuticos e industriales. El inicio de una época de calentamiento a mediados del siglo XIX, junto a la aparición de técnicas de elaboración artificial de hielo, marcó el final de esta industria complementaria a la actividad de los masos, que ha dejado importantes rastros, además de los toponímicos, en el Tossal de la Nevera. La Nevera Vella y la Nevera del Mas de la Serra, a pesar de sus estado ruinoso, son dos buenos ejemplos del fenómeno.

La localidad de referencia es la Real Vila de Catí, integrada en la Comarca del Alto Maestrazgo, cuya riqueza en edificios medievales, entre los que destacan la Iglesia de Nª Sª de la Asunción (s.XIV) y la Casa de la Vila (s.XV), justifica su declaración como Conjunto Histórico Artístico desde 1979; varios peirones y fuentes monumentales completan el conjunto.
Resulta ineludible, al hablar de Catí y del Tossal de la Nevera, mencionar el Manantial de l'Avellà y sus instalaciones anexas; la leyenda ya insinúa las propiedades salutíferas (y hasta milagrosas) del agua de esta fuente, que devuelve la vista a la anciana ciega que se lava los ojos con ella. El caso es que en torno al manantial se erige el Santuario de la Mare de Deu de l'Avellà (el edificio actual es del siglo XVIII, aunque su origen se remonta a mediados del XVI), con su balneario y hospedería, mencionado ya por Cavanilles en su "Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del reyno de Valencia", publicado a finales del siglo XVIII:

"Al norte y á una hora de Catí esta el santuario de nuestra Señora de la Avellá, el qual y las saludables aguas de su fuente se hallan en un fondo que dexan varios montes calizos, casi desnudos de vegetales. Por todas partes se observan cuestas cubiertas de fragmentos que los años y la alternativa de calores y hielos han separado de las peñas, no pocas de marmol pardo veteado de blanco. Desde la ermita se ve al norte y á corta distancia el barranco de Salvasoria, el qual como diximos empieza en la Llacoba, recogiendo despues las aguas del santuario para llevarlas á la rambla de Vallivana junto al cortijo de Antoli. Es muy freqüentado este santuario ya por la devoción general que los pueblos tienen á nuestra Señora, ya por los efectos saludables que logran los que se bañan en sus aguas, ó las beben por algunos dias. Para este efecto hay una hospederia magnifica que aumentan continuamente los de Catí. En estos montes y en la villa se experimentan con freqüencia nubes tempestuosas. El formar los montes hondonadas que ellos mismos cercan como altos muros, y el venir las nubes de los elevados que se conocen con los nombres de Turmell y Nevera, pueden ser la verdadera causa."

El agua del manantial, declarado de Utilidad Pública en 1928, es embotellada y explotada comercialmente por el propio Ayuntamiento de Catí; la casa de baños y la hospedería, aun con cierto aspecto exterior algo decadente, siguen en activo. Como curiosidad, señalar que el Meridiano 0º de Greenwich pasa a escasos metros al oeste de la Fuente de l'Avellà.

Desde el Balneario de l'Avellà

A l'Avellà, situado a 5 km de Catí por una buena carretera ascendente, se accede en la actualidad a través de un túnel de 300 m que horada la montaña. Desde el aparcamiento del Balneario (900 m) hay que continuar hasta el final de las casas de este pequeño núcleo y tomar el camino que se inicia junto a una construcción dedicada a alojamiento turístico; las marcas del PR-CV 410, y el panel informativo situado junto al asfalto, no dejan lugar a dudas sobre la ruta a seguir. El camino, tras pasar una cancela, desciende suavemente por terreno arbolado hasta sobrepasar una vaguada con una charca de aguas remansadas y vuelve a ascender hasta, convertido en sendero, salir definitivamente a zona de pastizal, al pie de la alargada y boscosa pared caliza de Els Campanarets. Pronto se llega a un collado despejado donde hay que trazar un ángulo de 90º a la derecha y ascender decididamente, por una traza algo descarnada y no demasiado evidente, hasta alcanzar a media ladera una terracilla horizontal, donde el sendero, que hay que continuar hacia la izquierda (SW), vuelve a definirse. Se avanza por un delicioso camino abancalado con muros de piedra seca, que pasa junto a algunos buenos ejemplos de barracas de pastor construidas con la misma técnica ancestral.

Se transita durante un buen rato prácticamente en horizontal entre un bosquete de carrascas con interesante vegetación, variable en función de la época del año. El camino sale finalmente del arbolado y se eleva suavemente a un amplio collado abierto entre Els Campanarets (1.161 m) y el Tossal de la Nevera (1.286 m), visible al fondo. Las señales del PR orientan hacia el suave y largo cordal, aunque se puede elegir entre ascender directamente por el mismo hasta la cima o dirigirse primero en descenso al cercano Mas de la Serra, con su nevera anexa, disfrutando de los interminables muros de blanquísima piedra seca que parcelan el paisaje. Tras el Mas de la Serra, y siempre orientados por las marcas del PR, un flanqueo a media ladera nos sitúa junto a las ruinas de la Nevera Vella (s.XVII), prácticamente en la vertical bajo la cima de la Nevera (1.286 m), que se alcanza en breve tras un tramo algo más empinado. Vértice geodésico y horizonte casi ilimitado, donde se puede reconocer las siluetas de algunas de las montañas más emblemáticas de Castellón: Penyagolosa, Turmell, Mola d'Ares, Els Ports... Para el regreso hasta el collado con Els Campanarets, si el fuerte mestral habitual en estas comarcas no lo impide, se puede elegir la ruta señalizada por el cordal, disfrutando de las vistas hacia la vertiente morellana de la montaña.

El PR CV-410, en realidad, tiene su inicio y final en Catí, con un exigente recorrido de 18 km, 1200 m de desnivel acumulado y más de ocho horas de duración, según los datos indicados en los paneles informativos del propio sendero señalizado.

Accesos: Balneario de l'Avellà (2 h)

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