Gora

Torozo (940 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2016/06/30
Aldatze data
2016/06/30
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El Torozo no es montaña para paseantes que gusten de cómodas sendas y caminos balizados. El punto álgido de la sierra a la que da nombre, una de las mayores cotas de la provincia de Badajoz, se presenta, a día de hoy, como una montaña huraña que no se deja coronar con facilidad, a pesar de ofrecer una ruta no demasiado larga.

La peña del Torozo se yergue en medio de tres sierras que, con una orientación N-S, arrancan en la población de Peñalsordo. La primera de ellas es la Sierra de las Poyatas, donde destacan el Cerro de los Agallares (874 m) y el Alto de las Poyatas (856 m, vértice geodésico), ambas cotas unidas por un cordal y situadas sobre el pueblo viejo de Zarza-Capilla, del que parten los accesos a las mismas. A diferencia de la tupida sierra del Torozo, el Alto de las Poyatas se presenta como una montaña simpática que cuenta con una breve pero agradable ascensión desde la mencionada localidad pacense. La continuación hacia el Torozo, en cambio, no parece mostrar facilidad, al tener que atravesar zonas donde la vegetación se ha apoderado del terreno.

Finalmente, separada de la máxima elevación de la zona por el Puerto de la Umbría (681 m), se eleva la Sierra de las Cabras (828 m), asomada también a la cola meridional del gigantesco embalse de La Serena, antes de ceder sus aguas al río Zújar.

Mención aparte merece el coqueto pueblo de Capilla, recostado bajo su imponente castillo y asomado a las azules aguas del embalse de La Serena, de manera que ofrece una estampa de especial belleza al atardecer. El pequeño pero singular Peñón del Pez (734 m, vértice geodésico también), en la vecina Sierra del Palenque, se muestra apetecible desde Capilla. Por desgracia, el viejo camino que unía esta población con la del Peñalsordo por medio de una serie de recurvas bien empedradas (aun puede verse su trazado en los mapas), y que facilitaba a su vez el acceso al Peñón, ha sido engullido por una horrible pista construida recientemente. Solo se conserva, a la salida de Capilla, un corto tramo de esta hermosa senda amenazada implacablemente por la vegetación y el desuso.

Desde el Puerto de la Umbría

Como el resto de sierras de la comarca de La Serena, la cubierta vegetal de la Sierra del Torozo es la que corresponde a terrenos ácidos, afectados además por incendios pasados. Así, bajo las rocas cuarcíticas de las zonas altas, se desarrolla un espeso matorral de tipo mediterráneo en el que predomina el encinar y el jaral. Cantueso, romero y aulaga completan un escenario que, durante la primavera, aporta al menos una nota de color y aroma a una ascensión algo áspera y no del todo cómoda, a evitar especialmente los días de calor.

Buscando infructuosamente y por ambas vertientes otras posibles vías de acceso, terminamos aparcando en lo alto del Puerto de la Umbría, valiéndonos de la ancha pista que cruza la sierra entre la vertiente de Cabeza del Buey y las tierras situadas a levante de las sierras. Esta pista, en realidad una carretera sin asfaltar (por la que pueden transitar, en consecuencia, todo tipo de vehículos), parte de la carretera EX-323, entre los puntos kilométricos 3 y 4, en un cruce cercano ya a este último. Encontramos una señal (visible solo si se llega desde Cabeza del Buey) hacia la finca de Piedrasanta. No en vano, la pista transcurre entre fincas de explotación de titularidad privada. En el siguiente cruce (señal de STOP), giraremos a la derecha (señal hacia La Nava), culminando poco después el puerto tras haber rodeado el Torozo por su vertiente oriental.

Desde el alto tomamos el cortafuegos que se dirige hacia la visible y destacada montaña. Nos sorprende, al poco de comenzar, encontrar las ruinas de un cortín, sin duda una de las pocas sorpresas positivas de esta ascensión. Este tipo de construcción circular, más habitual en sectores de la Cordillera Cantábrica, aunque también se encuentran en las provincias más occidentales, ha servido y sirve para proteger las colmenas, tanto de los animales salvajes como de las inclemencias del tiempo o de los incendios. Este cortín del Torozo, en franco estado de abandono, es, a buen seguro, uno de los más meridionales de la península ibérica.

El cortafuegos alcanza un collado (0,15) y gira a la izquierda para afrontar la dura rampa que se dirige hacia lo alto de la sierra, protegida por escarpes de roca cuarcítica. El terreno es transitable, a pesar de encontrarse bastante sucio, aunque, por suerte, nos topamos algo después (0,25) con algunas sendas de cazadores que nos ayudan a progresar de manera más cómoda. Podemos, incluso, valernos de los canchales de piedra que aparecen de vez en cuando, sobre los cuales son de gran ayuda algunos hitos esporádicos que nos dirigen hacia la derecha del torrente de roca por el que transitamos, guiándonos por un terreno más cómodo en el que afloran delicados iris, que aportan vistosidad y alegría a un paisaje duro y hostil.

Alcanzamos así la parte alta de la montaña (0,40), junto a un palo vertical que habremos divisado durante la ascensión, colocado por cazadores para orientarse en la asignación de puestos. Lo que queda hasta el vértice geodésico que corona la cima es una travesía en la que, a tramos, nos asomaremos al precipicio, debiendo destrepar en algunos puntos en los que se hace imposible continuar por el borde rocoso. Una tímida vereda inicial, para los puestos de caza, nos introduce en el encinar, cerca siempre de los escarpes rocosos meridionales que miran hacia el Puerto de la Umbría. En adelante (poco tiempo, afortunadamente) tocará bregar un tramo entre las molestas ramas de las encinas que cubren este sector de sierra, pudiendo encontrar algunos ejemplares de buen porte.

Sin más misterios y sin demasiadas alegrías, coronamos el vértice geodésico del Torozo, desde el cual podremos divisar tierra de tres provincias, puesto que nos encontramos cerca de las de Ciudad Real y Córdoba. El caluroso día de primavera en el que realizamos la ascensión fue imposible permanecer un solo minuto en la cima, tal era la cantidad de insectos voladores que merodeaban en torno al vértice, al cual incluso casi cambiaban de color.

Acceso: Puerto de la Umbría (1h)

 

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