Gora

Arrobuey (1.403 m)

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Joseba Astola Fernandez
Sarrera data
2017/10/25
Aldatze data
2017/10/25
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El gigante Arrobuey, que en algunos mapas aparece con la denominación deformada de Cotorro de la Regüé, constituye una importante montaña ubicada casi en pleno corazón de la comarca de Las Jurdis (Las Hurdes), cerrando por el sur el singular valle del río Malvellido.
Sus laderas, maltratadas por los reiterados incendios y una poco acertada política forestal, esconden una pequeña joya botánica de gran importancia. Se trata de los llamados Tejos del Cerezal, un conjunto de casi sesenta tejos (Taxus baccata) que forman, en número, la mayor concentración de esta especie en Extremadura. Los árboles crecen dispersos en la umbría de un barranco situado en la falda norte del Arrobuey, arropados por encinas de gran porte y numerosos madroños y brezos, bajo los que corre un arroyo que aporta la humedad necesaria para la supervivencia de la especie.
La llamada ruta de los Tejos del Cerezal permite el acercamiento al paraje, si bien, y afortunadamente, termina conduciendo a un mirador desde el que podemos intentar descubrir los tejos sin necesidad de tener que llegar a alcanzarlos, con los daños que ello podría suponer para su hábitat. No obstante, una tímida senda que se desgaja de la ruta balizada, trepa por el barranco (de incómodo caminar) hasta alcanzar un bonito ejemplar, el primero de los tejos y más vulnerable, a juzgar por las inscripciones sin sentido y carentes de la más mínima sensibilidad que presenta su tronco. Sería deseable proteger el paraje de una manera más sostenible y segura que la actual.

Casi en paralelo a la senda del Mirador de los Tejos transcurre la llamada Verea del Correo, ruta utilizada durante un tiempo por un cartero local para distribuir la correspondencia entre Casar de Palomero, las alquerías pertenecientes a Caminomorisco y las del valle del Malvellido. El Arrobuey, que obligaba al repartidor a tener que superar esta abrupta muralla interpuesta entre valles, puede ser ascendido por los viejos caminos citados, permitiendo realizar una ruta circular en parte, exceptuando el tramo final por el inevitable cortafuego que recorre las lomas de este sector hurdano.

Desde la presa de Arrocerezal

Se alcanza este pequeño embalse desde la población de Cerezal, por medio de una pista asfaltada de unos dos kilómetros de longitud. Aparcando el vehículo en este punto, podemos tomar cualquiera de las dos pistas que rodean el embalse de Arrocerezal por ambos costados, una de las cuales pasa por encima de la presa. En aproximadamente diez o quince minutos (dependiendo de la opción elegida), nos situamos en la cola del pantano, topándonos con un cartel de la Verea del Correo, que es, a su vez, la misma que conduce al Mirador de los tejos.
El camino se torna senda rápidamente, transcurriendo por la margen derecha orográfica del arroyo antes de cruzarlo mediante un sencillo puente. Sumergidos en la frondosidad del madroñal, donde no faltan hermosas encinas, además de abundante matorral de tipo mediterráneo, no tardamos demasiado en alcanzar el punto donde se separan ambas rutas (30´). Sendos carteles explicativos señalizan la correspondiente dirección a seguir, tanto para la Verea del Correo como para el Mirador de los Tejos. Ambas opciones transcurren no demasiado alejadas entre sí, prácticamente en paralelo, por lo cual se puede elegir al gusto por cual se prefiere alcanzar el aún lejano cordal.
Por facilitar la orientación al máximo, proponemos realizar la subida por el mirador, dejando la empinada Verea del Correo para el descenso.
El bonito sendero empedrado continúa surcando la ladera del Valle del Cerezal y alcanza una segunda bifurcación (45´). La de la izquierda (señalizada como La China), es la que se dirige a los tejos del Cerezal, alcanzando el arroyo en breve, antes de ir difuminándose a la vez que penetrando en un terreno de gran inclinación e incómodo de transitar. Entre los afloramientos de cuarcita descubrimos algunas encinas de gran tamaño, una de las cuales llama la atención al crecer en diagonal, desafiando con descaro a la gravedad. Después de media hora desde el desvío de La China alcanzamos el primer tejo. La admiración por su considerable tamaño y su capacidad de supervivencia en un terreno tan hostil solo se ve perturbada por la rabia que produce ver la corteza de su tronco vilmente dañada por algunas iniciales de la sinrazón humana. Satisfecha la curiosidad (unos 40´ ida y vuelta hasta el tejo, tiempo que excluiremos del total), abandonamos el paraje dejando a los tejos en paz y regresando a la senda principal, para terminar zigzagueando hasta alcanzar el Mirador de los tejos (1h), una construcción en piedra y madera que cuenta con una fuente que no mana y con un banco donde sentarse a contemplar lo recorrido hasta entonces.
Para continuar hacia el Arrobuey, ya fuera de senda balizada, debemos tomar la marcada senda que penetra entre los pinos justo antes de alcanzar el mirador, a escasos metros. Esta vereda, alfombrada de acículas pero evidente en todo momento, asciende en suavísimas revueltas bajo el limpio pinar hasta desembocar en una pista (1h20), que no es otra sino la que hemos tomado al principio, tras cruzar la presa, frecuentada por cazadores en temporada.

Siguiéndola hacia la derecha, en sentido ascendente, alcanzamos en poco tiempo el cordal en la amplia Collada de la Genera (1135 m, 1h30). Unos metros antes nos habremos topado con el cartel de la Verea del Correo, que reaparece aquí, por la que terminaremos bajando al final de la excursión si así lo deseamos. También es posible, desde el Collado de la Genera y hacia el lado opuesto, culminar el característico Pico del Convento o Chapallal (1281 m)

Obviando las señales de madera de la Verea que se escapan del collado hacia el sur (hacia tierras de Cambroncino y Caminomorisco) tomamos con paciencia el largo y ancho cortafuego que nos va a llevar hasta la cumbre del Arrobuey (2h30) , sin más pegas que la monotonía de esta parte de la ruta, compensada en parte por las buenas panorámicas hacia todos los puntos cardinales . En las afloraciones cuarcíticas de la cima, antes de alcanzar el vértice geodésico y la pequeña antena existente, descubrimos un rústico y diminuto abrigo pastoril construido en piedra seca.

Excelentes vistas a las principales cumbres del sector, entre las que se encuentran la Hastiala, la Peña de Francia, la Mesa del Francés, el Rongiero o Mingorro, y los más cercanos Tiendas, Solombrero y Pico de la Corredera, los cuales se podrían alcanzar siguiendo el larguísimo cordal hacia poniente.

Descenso por la Verea del Correo

Retrocedemos sobre nuestros pasos por la amplia loma surcada por el cortafuego hasta la Collada de la Genera, descendiendo unos metros por la pista hasta dar con el cartel que señala la Verea.
No tenemos más que dejarnos llevar por la sinuosa e inclinada senda, que transcurre entre la frondosidad del pinar, flanqueada además por buenos ejemplares de enebro, además de piornos y brezales que dotan al paraje de gran belleza natural.
En una hora desde el collado alcanzamos la bifurcación donde se separaban la Verea y la ruta del Mirador de la Hoya de los Tejos, desde donde solo resta regresar a la presa de Arrocerezal con el buen sabor de boca que nos deja la ruta a este gigante hurdano.

Acceso: Presa de Arrocerezal (2h 30 min)

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