Gora

Castell de Culla (1.123 m)

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Luis Astola Fernández
Sarrera data
2016/12/22
Aldatze data
2016/12/23
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El nombre que el IGN aplica al vértice instalado sobre la cima de este cerro histórico de la comarca del Alt Maestrat castellonense resulta excesivamente genérico y simplista. Este Castell (1123 m) no es otra cosa que la huella toponímica dejada en el paisaje por el prácticamente desaparecido Castell de Culla, fortaleza de incierta cronología, aunque posiblemente de construcción árabe sobre un anterior asentamiento ibero.

Castillo y Muralla de Culla. Un poco de historia

Culla, su recinto amurallado y el entorno del cerro donde se alzaba su castillo, "de alto valor ambiental y paisajístico", está declarado Conjunto Histórico Artístico y BIC por la Generalitat Valenciana. El Decreto 83/2004, de 21 de mayo, del Consell de la Generalitat, por el que se declara Bien de Interés Cultural el Conjunto Histórico de Culla describe perfectamente el conjunto a proteger y esboza en lo esencial el devenir histórico de la otrora importante localidad, cabecera de la Tinença y Setena de Culla, y de su castillo; a partir de su conquista definitiva a los árabes por parte de los reyes cristianos de Aragón (principios del s.XIII), la historia de la región se verá ligada a la enigmática y controvertida orden religiosa y militar del Temple, y más adelante, cuando se produce la abrupta disolución, vía edicto papal, de la orden de los caballeros templarios (1312), a su heredera patrimonial, la Orden de Montesa (1319), que está en el origen del Maestrazgo histórico.

"Sobre un antiguo castro ibérico abandonado, en lo alto de un pequeño y elevado cerro, los musulmanes construyeron el castillo de Culla. En la falda levantaron un recinto amurallado para proteger la población. Del recinto se conservan los lienzos, tres portales de acceso y restos de un cuarto.
Las calles siguen las curvas de nivel e irregularidades del terreno, confluyendo en la plaza de la iglesia. Las casas son de mampostería y revoque ligero. Abundan las portadas de arco de medio punto adoveladas, los aleros corridos y remates de teja cerámica. Las edificaciones del siglo XIX son ya de dos pisos con balcones y azoteas. Edificios de interés son: la iglesia del Salvador, el antiguo Hospital, la abadía y la antigua cárcel.
Los dominios del castillo de Culla comprendían una buena parte del norte de la provincia de Castellón. Contenía los siguientes pueblos o fortalezas: Culla, capital de distrito; Adzaneta, Benafigos, Benasal, Boy, Corbó, Castellar, Molinell, Torre En Besora, Villar de Canes, Villafranca del Cid y Vistabella.
Este castillo, y sus pertenencias, fue donado jure hereditario a la Orden del Temple por el Rey Don Pedro el Católico, estando en Lérida a 22 de mayo de 1213. Era de los castillos fuertes y estimados como se puede deducir del tratado concertado entre Zeit y Don Jaime en Calatayud el 20 de abril de 1229; se dan por el primero seis castillos en aras de lo estipulado que son: Peñíscola, Morella, Cuillar, Alpont, Xérica y Segorbe. No hay rastro en la Crónica Real para conjeturar el tiempo en que se entregó al rey o fue conquistado, aunque se supone durante el año 1234.
Después del acuerdo sobre el señorío de Morella, hecho en Montalbán el 11 de mayo de 1235, entre su conquistador, Blasco de Alagón y Don Jaime, éste le dona jure hereditario los importantes castillos y pertenencias de Culla y Cuevas de Vinromá. A la muerte de Don Blasco de Alagón, que había ocurrido probablemente a manos de mesnaderos reales, pues se encontraba en pugna con el monarca, el castillo de Culla pasa a su hija Constanza y a sus nietos Artal y Blasco. Después pasa a pertenecer a los descendientes de Don Blasco, y la Orden del Temple lo compra a Guillem de Anglesola el 27 de marzo de 1303, por la suma de 500.000 sueldos. Extinguido el Temple pasa a Montesa en 1319, ordenando Jaime II a los jurados de Culla el 1 de marzo de 1320 que cumplan el mandato real y nombren procuradores para prestar juramento de fidelidad y homenaje al maestre de la recién creada Orden de Montesa.
Seis inventarios de la Encomienda de Culla pertenecientes al periodo 1583-1743, que describen el castillo, informan sobre la progresiva degradación de la fortaleza por espacio de dos siglos.
Durante la primera contienda carlista tuvo lugar una rehabilitación parcial del mismo, con la finalidad de ser utilizado como fuerte militar, hospital y prisión. Según Mosén Salvador Roig “el castillo fue renovado en 1839 por los facciosos”, y según el mismo autor “en 1842 fue arrasado por las tropas liberales”. La destrucción fue tenaz y por las huellas se conoce que fue dinamitada."

Unos años antes de la sañuda y definitiva destrucción del castillo de Culla, quiso la suerte que visitase la zona el ínclito botánico y naturalista ilustrado Antonio José de Cavanilles, inmerso a la sazón (1791) en uno de los viajes con fines científicos y geográficos encargados por el rey Carlos IV; fruto de sus trabajos, vieron la luz en 1795 las "Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia", referencia ineludible para conocer la realidad del paisaje y del paisanaje levantinos a finales del siglo XVIII. De su paso por Culla nos deja un breve relato escrito, que reproducimos a continuación, y, sobre todo, un precioso grabado, rotulado al pie como "Vista de la Villa de Culla", valioso testimonio gráfico que nos permite contemplar, a través de los ojos del propio Cavanilles, el entorno paisajístico y el castillo existente antaño en la cima que nos ocupa.

"Desde la ermita de San Christóbal se descubre una extensión inmensa, y al mediodía con corta diferencia se ve el castillo y la villa de Culla á una hora de distancia. El suelo está sembrado de peñas con poca tierra, donde pastan los ganados. Hay en este distrito muchas carrascas y roures de mediana corpulencia, principalmente en la partida llamada Bobalár de Culla. Por un claro que dexaban los árboles tomé la vista del castillo, en el cual se conservan dos órdenes de murallas y torres...".

Vista de la Villa de Culla. Grabado de Cavanilles (1791)

En su "Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar", publicado a partir de 1846, Pascual Madoz, que bebe descaradamente de las fuentes de Cavanilles cuando reseña voces de los territorios levantinos, sitúa simplemente a Culla "en la cumbre de un monte", sin hacer ninguna mención al castillo, que ya para entonces, si la historia que nos cuentan es verídica, habría dejado de existir.

Algunos devaneos etimológicos en torno a Culla

Apuntábamos al inicio de esta reseña que el topónimo "Castell", a secas, aplicado a la cima donde se asienta el vértice geodésico, peca cuando menos de simplista. Parece razonable, a la vista del intenso pasado de esta encumbrada villa, completar una denominación tan genérica y singularizarla, al menos, como Castell de Culla. Con mucho más motivo cuando, buceando entre la prolija y dispersa documentación referida a este rincón perdido en el interior del Maestrat castellonense, descubrimos algunos datos curiosos y esclarecedores sobre la etimología del topónimo Culla.

Hay cierta disparidad entre los estudiosos del ramo a la hora de definir el origen del vocablo, que podría proceder de un "collia" latino (Joan Peraire: "Aproximació a la toponímia històrica de la Tinença de Culla". Butlletí Interior de la Societat d'Onomástica, Barcelona 1992); de un "kudia", "qulla" o "kulla" árabe (Aureli Ferrando i Muria: "Aproximació a la toponímia de Culla". Butlletí Interior de la Societat d'Onomástica, Barcelona 2003); o incluso de un "colla", más antiguo, de origen ibero (Bernat Mira Tormo: "El origen ibero-tartésico del euskera". Ed.Visión, Madrid 2006).

En cualquier caso, sea cual sea su procedencia (ibera, latina o árabe), se da la curiosa "coincidencia" de que tanto "collia", como "qulla" o "colla" vienen a significar lo mismo: colina, cerro, montaña pequeña. Culla, pues, además del nombre histórico y actual de un pueblo, no sería otra cosa que el topónimo utilizado desde antiguo para identificar este cerro que despunta en el paisaje. Y Culla, ya convertido en orónimo (es decir, en un nombre propio de montaña), sería quizás el apelativo más adecuado para denominar la colina en torno a la cual se asienta la villa homónima; los viajeros que aciertan a llegar hoy a este apartado rincón del Alt Maestrat, como ocurría en su lejano origen, señalan el conjunto que forman el impresionante pueblo amurallado y el cerro donde se asentó el castillo y dicen, simplemente, Culla.

Un paseo por Culla hasta la cima del Castell

En la actualidad, Culla es un enclave bellísimo y, sin duda, lo que en el ámbito del turismo rural se ha dado en llamar un "pueblo con encanto". El ascenso pausado por las empinadas callejas de la remozada villa medieval hasta el punto culminante del Castell (1123 m), necesariamente breve y más parecido a un recorrido turístico que a una excursión montañera, consigue retrasar varios siglos nuestros relojes.

Elegimos iniciar el paseo (1040 m) desde la rústica ermita de Sant Roc (1562), situada al NE de la colina, junto a la carretera procedente de Benasal; cercana se observa la graciosa Torre del Palomar, probablemente coetánea de la ermita (s.XVI). Desde este emplazamiento, la vista de Culla, replegada tras sus propios muros bajo la mota del antiguo castillo, es sublime. Tras unos metros de asfalto ascendemos por el Carrer de la Font, donde enlazamos con las marcas del "Recorrido histórico de Culla", un interesante itinerario autoguiado, provisto de paneles informativos y hasta de códigos QR, que propone una tranquila ruta hasta la cota culminante del castillo, con paradas interpretativas en los puntos más notables del pueblo; como la cima, en este caso, es un objetivo menor, merece la pena seguirlo paso a paso y disfrutar de todos los recovecos y rincones que ofrece la villa.

Guiados por las flechas, visitaremos sucesivamente fuentes y aljibes, la ronda de extramuros, los portales adintelados del Carrer Plà, el antiguo granero del Comandador de la Setena de Culla (s.XIII-XIV, utilizado como prisión durante las guerras carlistas); la iglesia de El Salvador (s.XIV-XVIII, su plaza es un magnífico mirador hacia Montcàtil (1116 m) y su ermita de Sant Cristòfol), donde podemos rememorar la leyenda de "Artal de Asens, caballero templario destinado al castillo de Culla, y de Oras, una joven agarena de singular belleza, de gallardo y gentil talle, de bello rostro adornado con ojos oscuros, misteriosos y seductores, y hombros de blanco alabastro cubiertos con ondulados y suaves cabellos castaños": todo un culebrón medieval en el que no falta ninguno de los tópicos habituales en el género.

Continuamos por el Perxet, encantador porche enmarcado por un arco gótico del s.XIV; los porches del antiguo ayuntamiento (siglo XVII); el Pelleric, una curiosa picota donde se procuraba público escarmiento a los malhechores a través de la burla y la humillación vecinal; plazoletas entrañables, como la del Pardal donde, hasta la llegada del alumbrado público, se celebraban pícaramente al anochecer los bailes y las verbenas; el antiguo Hospital (s.XVII), destinado a socorrer a enfermos, necesitados, huérfanos y viudas; la Porta Nova (s.XVII), la única puerta de acceso al recinto amurallado que pervive actualmente...

Finalmente, desde un sector de simples muros consolidados aprovechado para instalar un panel panorámico, al sur del peñasco cimero, se inicia el corto ascenso (por un tramo acondicionado con escaleras o por un paseo que lo circunvala) a la explanada del Castell, donde una cruz de madera y el pilón geodésico señalan el punto más elevado. El contorno de la irregular meseta cimera, donde se ha construido el discreto depósito que abastece de agua a la población, aparece rodeado por una empalizada de protección, que permite disfrutar de la inmensa panorámica abierta a todos los vientos.

Para los amantes de las piedras viejas, Culla, "la Colina", es un auténtico regalo.

Senderos en el entorno de Culla

Teniendo en cuenta las particulares características de esta cima, quizás merezca la pena complementar su ascenso con alguna de las atractivas rutas señalizadas en el entorno de Culla. El sendero GR 7 (E 4 europeo) permite llegar a Culla desde Ares del Maestrat por Benasal en 5 h (etapa 30, 18,8 km), o desde Vistabella del Maestrazgo en otras tantas (etapa 31, 19,9 km). Por su parte el PR-CV 1 enlaza Culla con Iglesuela del Cid en un exigente recorrido lineal (31,8 km, 12,20 h); el PR-CV 225 "Camí Roca Penyacalva" toca el cauce del río Montlleó y asciende luego al paredón calizo de Penyacalva (975 m), antes de regresar a la villa templaria (15 km, 3,30 h); el PR-CV 225.1 "Sender Font de l'Oli" es una variante del anterior (8 km, 2,30 h); el PR-CV 297 "Cova del Bobalar" transita por el extremo NE del término municipal y se asoma a la cabecera del río Molinell, donde se despliega un importante conjunto de molinos harineros de gran interés etnológico (10,4 km, 3 h); finalmente, el SL-CV 65.2 "Culla-Molins de Vent" es un largo sendero lineal (9,7 km, 3 h) que recorre, enlazando con el SL-CV 65.1, el antiguo camino a Atzeneta del Maestrat.

Sin duda, hay donde elegir.

Acceso: Ermita de Sant Roc, callejeando por el Conjunto Histórico de Culla (1h)

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