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Cerroalto (841 m) es una más de la multitud de pequeñas cumbres escondidas bajo el inmenso dosel arbóreo que cubre amplios territorios de los términos municipales de Kanpezu, Arraia, Bernedo, Lagrán, Peñacerrada y Zambrana, en los macizos y serrezuelas que se alzan al norte de la prolongada alineación montañosa de Toloño y en las laderas de umbría de la propia sierra; cumbres en muchas ocasiones poco destacadas, de escasa prominencia e incluso invisibles, pero dotadas de topónimo y por lo tanto diferenciadas y reconocidas por los lugareños de los pueblos asentados a sus pies, que han trabajado en ellas y aprovechado sus recursos desde tiempo inmemorial.
Cerroalto, como tantas otras, tiene también su humilde historia, y razones o excusas suficientes para perderse en sus bosques, coronar su modesta cima y añadirla al listado personal de gratas experiencias montañeras, independientes en tantas ocasiones de la magnitud del objetivo alcanzado.
La historia de Cerroalto tiene que ver con las calizas bituminosas que afloran en su ladera oriental, descubiertas el año 1857 y explotadas de manera intermitente durante casi un siglo, en el denominado "Coto Minero Diana", para la obtención de betún y asfalto; y cuenta con un narrador de excepción, que vivió en primera persona los inicios de esta singular industria: el erudito vitoriano Ricardo Becerro de Bengoa. En su obra "Descripciones de Álava", escrita en 1880 y publicada en 1918 por el Real Ateneo de Vitoria, leemos:
"Nuestras excursiones desde Peñacerrada fueron a los criaderos de asfalto de Loza y a los terrenos carboníferos de Montoria. Los primeros están situados en un barranco situado al oriente en la orilla de un riachuelo y al pie de la aldea de Loza, como a una legua de distancia de la villa. Allí está la mina Diana, que descubierta por el capitán Becerro en 1857, fue vendida por éste en París en 1858 al general don Juan Prim en 150.000 francos. El general constituyó una compañía explotadora, que encomendó al ingeniero de minas M.Reboul la dirección de los trabajos emprendidos inmediatamente con grande éxito. Montóse un horno de destilación, se alzó un extenso almacén, se hicieron los asientos para otros 6 grandes hornos y la fabricación hubiera ido en aumento, a no haberse distraído sus propietarios en otras especulaciones que creyeron entonces más urgentes y productivas. Los trabajos cesaron y hasta 1875 se conservaron en pie el horno y el almacén, pero necesitando materiales los carlistas para construir el fuerte de San León Fortun en lo alto del puerto de Herrera, apearon las obras, arrancaron las tejas y las maderas e incendiaron las cubas que contenían el asfalto y el aceite mineral, durando la combustión meses enteros. En este triste estado visitamos ese lugar de la Charca del Cañamal, cuyos grandes criaderos de asfalto pertenecen hoy al autor de este libro.
Allí, donde un día el general Prim, el conde de Grady y el barón D'Hasda acompañados de numeroso cortejo de amigos celebraron la entusiasta instalación de las obras, donde las carboneras de Pipaón bailaron 'con los señores de París', allí donde el inteligente M.Reboul concibió tan legítimas esperanzas para la explotación en grande de los asfaltos y aceites, encontramos la soledad y el abandono y las ruinas tan solo de un gran pensamiento. Pero la riqueza principal, casi intacta está aún en aquellos colosales bancos de roca asfáltica, de la que dijeron los sabios geólogos M.M.Verneuil, Collomb y Triger en su visita a estos criaderos: 'La roca calcárea de grano fino que contiene el betún está tan impregnada de esta sustancia, que en las hendiduras, y en las superficies desprovistas de vegetación y expuestas al sol corre el asfalto líquido por la superficie en grandes gotas'."
En estos párrafos se mencionan algunos personajes notables relacionados con esta explotación minera ubicada al pie de Cerroalto, entre las localidades de Pipaón (T.M.Lagrán) y Loza (T.M.Peñacerrada), concejo este último al que pertenece. El capitán Miguel Becerro, padre del cronista, fue quien descubre y registra las vetas asfálticas, que venderá posteriormente al general Juan Prim, político liberal progresista nombrado Presidente del Gobierno en 1869 y asesinado a finales de 1870 en circunstancias aún sin esclarecer; a su muerte, el propio Ricardo Becerro de Bengoa recuperó la propiedad del coto minero.
El "fuerte de San León Fortún" hace referencia al militar carlista riojano León Martínez-Fortún, conde de San León, que desmanteló los edificios del Coto Diana para fortificar, durante la tercera guerra carlista, las alturas de la cima que desde entonces lleva su nombre en la cercana sierra de Toloño, sobre la antigua fortaleza medieval de Herrera (Ferrera). Edouard Verneuil y Edouard Collomb, geólogos francés y suizo respectivamente, realizaron varias expediciones científicas a la Península Ibérica, visitaron los yacimientos de asfalto alaveses y publicaron (1864-1865) la "Carte géologique de l'Espagne et du Portugal".
En un plano diferente, la evocadora imagen sugerida por Becerro de Bengoa de "las carboneras de Pipaón" bailando "con los señores de París", en los festejos por la inauguración de la explotación minera, sería una escena digna de aparecer en el argumento de una novela histórica ambientada durante el convulso siglo XIX en los bosques y aldeas de este recóndito rincón de la montaña alavesa.
Por los boletines de la "Estadística minera de España", consultados en la página del IGME, sabemos que la producción de asfaltos y sus derivados en el coto minero Diana nunca fue excesivamente boyante y sufrió notables intermitencias, con años enteros sin ningún tipo de actividad extractiva; en el boletín correspondiente a 1951 se da a entender que los materiales extraídos en la mina de Loza eran trasladados para su procesamiento a Briones, en la Sonsierra riojana, y en los de años posteriores no encontramos ya referencias de actividad productiva en la mina, lo que parece indicar su cierre definitivo en esa década del siglo pasado.
Actualmente se conservan en pie algunos muros ruinosos de la antigua fábrica y se puede acceder a varios frentes de cantera donde se extraían a base de barrenos las rocas bituminosas; junto al camino, medio oculta entre las zarzas, aparece una gran caldera de hierro utilizada en su día para fundir el material, voluminoso aunque humilde resto arqueológico industrial al que se le puede presumir, por todo lo comentado, una antigüedad en torno a los cien años.
El año 2020 la DFA redactó una memoria para la "Recuperación de los paisajes mineros de asfaltos naturales de la Montaña Alavesa", que propone una serie de actuaciones para la puesta en valor de las extintas explotaciones relacionadas con la producción de asfaltos. En relación al Coto Minero Diana, se plantea la "...puesta en seguridad y acondicionamiento para uso público y ecoturístico del coto minero Diana como recurso cultural y natural ligado a la minería del asfalto y a su contexto geológico..."; a fecha de hoy (verano 2024), los proyectos de rehabilitación se han concentrado en las minas de Arraia-Maeztu, sin duda más importantes en su día y con mayor potencial turístico en la actualidad, mientras que la mina Diana de Loza, pese al "interés geológico de las zonas extractivas antiguas", a su "elevado valor paisajístico y natural", a su excelente "accesibilidad a través del Sendero Histórico GR-1" y a las notables connotaciones históricas expuestas en este trabajo, es devorada lentamente por las zarzas y el olvido.
Dejando a un lado su indudable interés patrimonial, el paseo hasta Cerroalto supone una gozosa inmersión forestal en el dominio del haya, enriquecida además por la presencia de maduras plantaciones de resinosas variadas (abeto rojo, abeto Douglas, pino albar...) intercaladas entre las frondosas, formando densas masas mixtas de arbolado de enorme riqueza ambiental y estética; resulta sorprendente la altura y el grosor exhibidos por los fustes de algunas de las coníferas que pueblan el bosque. El trazado del GR 1, en su etapa entre Pipaón y Peñacerrada/Urizaharra, resigue el cauce reseco del río Inglares en un extraordinario ambiente umbrío idóneo para transitarlo en época estival
Desde Pipaón
Aunque se puede realizar el paseo desde el propio Pipaón siguiendo el Sendero Histórico, preferimos iniciarlo en el punto kilométrico 32,1 de la carretera A-3130 entre Peñacerrada y Lagrán, frente al ramal de acceso al núcleo de Pipaón, donde un poste del GR 1 señala "Peñacerrada/Urizaharra 7,9km" (820 m). El camino transita brevemente entre cultivos y se sumerge enseguida en el bosque, acompañando el recorrido serpenteante del tramo alto del Inglares, arroyo Los Cáñamos para los de Pipaón, que filtra en tierra su exiguo caudal al poco de adentrarse en la floresta.
Las balizas y señales rojiblancas facilitan la elección del camino a seguir en las sucesivas bifurcaciones; rebasaremos también un desvío señalizado a Faido por el PR-A 77 antes de cruzar la barrera que da paso a la explanada donde languidecen las viejas ruinas del Coto minero Diana, protegidas por una alambrada.
A su final, salvamos el vallado a través de la ataka junto a otra langa metálica y tomamos un camino herboso algo cerrado por la falta de uso que pasa junto a un par de frentes de cantera y asciende por el hayedo hasta un amplio collado al norte de Cerroalto; las mediciones in situ determinan una prominencia para el monte de 22 metros, modesta pero bastante mayor que la señalada en la cartografía.
Una breve rampa al sur por bosque limpio, entre hayas y esbeltas coníferas, conduce hasta el calverillo colonizado por carrascas, majuelos y arces de Montpellier en la cima de Cerroalto (841 m), prácticamente privado de panorámicas que no sean las de las laderas boscosas del entorno y un asomo de la vertiente norte de Cervera; la mayor insolación del lugar propicia una interesante variedad de flores en temporada: clavellina, malva moschata, orégano, brezos...
De vuelta en el collado N, un camino forestal desciende por la ladera contraria a la de ascenso hasta el GR 1, que seguimos hacia la izquierda para volver, tras rebasar otra cantera de extracción de rocas bituminosas y el abandonado horno donde se fundían para producir la brea, junto a los arruinados muros del Coto Diana; por camino ya conocido, se regresa hasta el poste del GR 1 junto a la carretera, donde iniciamos la ruta.
Acceso: Carretera A-3130, cruce de Pipaón (1 h)
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Loza-Río Inglares-Cerroalto-Lasagidi-Loza5,914,751 | 231.068849 m | 228.96576 mFernando Zabaleta | 22-11-2024 | 11-08-2024
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Pipaón-GR 1-Coto minero Diana-Cerroalto7,394,540 | 134.97 m | 152.99 mLuis Astola Fernández | 06-08-2024 | 24-07-2024
