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En torno a la localidad de Markinez se alinean varios grupos de cuevas artificiales, utilizadas en sus inicios como eremitorios y posteriormente como viviendas y almacenes, excavadas en una serie de peñascos, cornisas y monolitos durante el siglo VII, aunque las más primitivas (Santa Leocadia, en Askana), que constituyen el núcleo originario del poblamiento del valle, parecen remontarse incluso al siglo IV. Se distinguen cuatro sectores de grutas: Askana (15 cuevas), en la peña que se alza tras la iglesia de Santa Eulalia, Txarronda (12), San Salvador (4) y Larrea (10), este último, sin duda, uno de los más fascinantes conjuntos de cuevas eremíticas del territorio alavés.
Con el nombre de Peña del Castillo (746 m) se conoce uno de los imponentes monolitos que se alzan en el término de Larrea, al pie de la ladera oriental de Beolarra/Espinal (879 m), en el concejo de Markinez, término municipal de Bernedo; el paraje está catalogado además como LIG 110 "Pináculos de Markinez" en el Inventario de Lugares de Interés Geológico de la Comunidad Autónoma de Euskadi. No se trata del monolito más elevado del sector, pero sí de uno de los más característicos y el de mayor prominencia entre los accesibles sin necesidad de recurrir a técnicas artificiales.
El explícito topónimo se justifica por la utilización de este compacto bloque pétreo en época medieval como fortaleza, construyendo en sus planos cimeros una torre y otro edificio destinado probablemente a vivienda, y adaptando sus fachadas para adosarle una segunda vivienda y, en un plano inferior, los establos; construcciones todas ellas de las que aún perviven algunos restos visibles en la actualidad. En la cueva artificial labrada bajo la peña, antiguo eremitorio altomedieval, se excavó un aljibe para almacenar agua, comunicado con la zona alta del peñasco a través de una rudimentaria escalera de caracol tallada en el hueco abierto en el techo del recinto; un foso, actualmente colmatado, defendía el acceso a este impresionante bastión rupestre por su flanco más vulnerable (W).
Los expertos datan la construcción de este rudimentario baluarte entre finales del siglo X y principios del XI y parece existir consenso en considerarlo como el histórico castillo de Arluzea, fortaleza del antiguo reino de Navarra hasta 1200, año en el que pasó a pertenecer al reino de Castilla. Parece que dejó de utilizarse con fines defensivos entre finales del siglo XIII y principios del XIV, coincidiendo en el tiempo con la despoblación de la aldea de Marquina de Suso, documentada ya en la "Reja de San Millán" (1025).
Desde Markinez
Desde el puente sobre Markizko erreka en la localidad de Markinez (690 m), una ruta señalizada titulada "Ermitaños, Ermitas y Señores" (Arabako Foru Aldundia, Bernedoko Udala, Markinezko Administrazio Batzarra) remonta el río por su margen izquierda y abandona el pueblo entre huertas hasta alcanzar el puente de San Juan (s.XIX); cruza la carretera de Arluzea y se sitúa junto a la coqueta ermita románica de San Juan Bautista, antigua parroquia de la extinta aldea de Marquina de Suso, cuyos habitantes pasaron a engrosar el padrón de Marquina de Iuso (la actual Markinez) ya a principios del siglo XIV; una placa en la fachada principal, junto a la ornamentada portada, data la construcción del templo en el año 1226.
El panel de la ruta, vandalizado como la mayoría de los que señalizaban el itinerario, yace en el suelo junto al ábside de la ermita; antes de que desaparezca definitivamente el texto donde se describe el templo, leemos:
"Es una de las más bellas representaciones del románico alavés. Conserva en su fachada la lápida fundacional fechada en el año 1226, una de las pocas existentes en la geografía alavesa. La planta es de salón con una sola nave de tres tramos, con cabecera semicircular de cañón, y portada en el lado sur. Levantada en sillería, excepto la pared norte que lo fue en sillarejo. Aunque es un ejemplar de transición, tanto por su cronología como artísticamente, sus arcos de medio punto, los abocinamientos de los huecos, las decoraciones de ajedrezados, remiten a elementos del más puro románico, mezclados con otros del gótico inicial, como el apuntamiento de los arcos, tanto en las bóvedas como en la portada. Esta portada abocinada está compuesta por tres pares de columnas rematadas por capiteles ornamentados con temas de hojas y rostros humanos, en tanto que las arquivoltas lo están con temas vegetales. La iluminación de la nave se obtiene a través de cinco ventanales abocinados con columnas y capiteles, dos situados en la fachada oeste, dos en la sur y uno en el ábside. El arco toral del presbiterio se sostiene en dos medias columnas, con capiteles muy decorados y basas en forma de garras. Los restantes arcos se apoyan en pilastras. En los laterales del presbiterio se encuentran dos nichos con arcos de medio punto, con decoración floral."
El camino pasa junto a las cuevas artificiales nombradas como Larrea 4 y 5, rodea por la izquierda una finca de labor y se planta a los pies del compacto monolito de la Peña del Castillo, donde destaca la amplia boca del antiguo eremitorio horadado en su fachada meridional, catalogado como "Larrea 6". Tirado sobre la hierba al pie del peñasco, serrado por su base metálica, el panel explicativo del castillo aconseja no acceder a lo alto de la peña, muestra una reconstrucción imaginaria de la fortaleza y dice:
"En este término de San Juan, se alinean una serie de peñascos en los que se excavaron varias cuevas artificiales, destacando por su volumen y complejidad esta de la Peña del Castillo. Este farallón rocoso fue labrado en prácticamente toda su superficie, albergando en su parte superior una torre de vigilancia, de la que hoy casi no quedan restos, excepto un muro de mampostería que formaría parte del torreón y algunos restos en la torre labrada. Basados en estos restos y rastros, se puede ver como las construcciones se adosaron en la cara oeste y en la parte alta de la peña. Los rastros de estos edificios se ven en los agujeros de mechinales donde se apoyaban las vigas de las construcciones. La unión entre las construcciones de la parte alta y la parte baja se llevaba a cabo por una escalera tallada en la roca, que a su vez servía para canalizar el agua que se recogería en los tejados del torreón, hacia el aljibe que está excavado en una cueva al pie de la roca. Las edificaciones de la parte baja debieron de servir para acoger la guarnición y quizás como caballerizas, quedando las de la parte alta como lugar de vigilancia o para refugiarse en momentos de peligro. Unas excavaciones arqueológicas realizadas al pie de la peña por José Miguel de Barandiaran en 1967 pusieron al descubierto entre otros hallazgos una moneda de vellón de Alfonso I el Batallador, lo que dió la clave para determinar que, al menos en el siglo XII, este castillo estaba en funcionamiento."
Para acceder a la plataforma cimera, hay que localizar un senderillo que asciende por la umbría del paredón, junto a un característico tejo, hasta tropezar con un muro de roca de tres o cuatro metros bastante vertical, que se puede escalar con cierto compromiso (F+) cuando está seco, pero que con tiempo húmedo se convierte, por extremadamente resbaladizo, en un obstáculo casi infranqueable; la precaria cuerda con lazos que cuelga de la pared no ofrece tampoco excesiva confianza, por lo que no resulta aconsejable utilizarla.
Si se consigue superar este primer escalón, se alcanza una explanada donde existió una construcción y, tras trepar un segundo peldaño rocoso, ya sin dificultad, se gana la cima de la Peña del Castillo (746 m), que conserva escasos vestigios de la torre que la coronaba, auténtico nido de águilas sobre los caminos que recorrían el valle.
Acceso: Markinez (20 min)
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Markinez-Ermita San Juan-Peña del Castillo-Cuevas artificiales de Larrea-Espinal-Ermita Beolarra-Markinez4,685,359 | 203.04 m | 203.04 mLuis Astola Fernández | 15-02-2025 | 04-01-2025
