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Se eleva al SE de la bonita localidad de Soto en Cameros (706 m). Su visita, en combinación con otras cimas del Camero Viejo, permite visitar lugares hoy abandonados, antes del declive de la ganadería y del éxodo de la población a las ciudades.
En el corazón de La Rioja, encaramada sobre la suavidad del barranco del Hayedo y abrazada por la sierra del Camero Viejo, se encuentra Soto en Cameros, una localidad que observa el lento curso del río Leza. Desde Logroño, a apenas 25 kilómetros, se llega recorriendo la LR-250, camino que invita a descubrir su paisaje sereno y elevado, donde colinas y valles se entrelazan en un abrazo natural.
Los primeros ecos de Soto en Cameros resuenan en documentos que datan de mediados del siglo XI. En el año 1060, la reina doña Estefanía, en su testamento, cedió al joven Ramiro la villa de Leza, con sus anexos Soto y Ciellas, dejando constancia escrita de la existencia de esta comunidad que hoy todavía conserva su esencia histórica.
Durante siglos, Soto y su aldea Treguajantes formaron parte del señorío de Cameros, aunque los avatares del poder impidieron que los Arellano pudieran reclamar su dominio de inmediato. La villa permaneció bajo la tutela de Alfonso de Lezana, y tras su fallecimiento en 1460, su hermano Pedro González de Lezana heredó el territorio, para luego retirarse al monasterio de San Prudencio cuatro años más tarde, entregando estos parajes a los monjes cistercienses de Monte Laturce. En 1468, los monjes vendieron fragmentos de estas tierras: cinco suertes a Ruy González Navarro y su esposa Juana de Lezana, y otra porción a Alonso Ramírez de Arellano. Así, la villa quedó compartida, hasta que en 1681 Mateo Hurtado de Mendoza, XI conde de Aguilar, emprendió un pleito que restituyó la totalidad de Soto en Cameros al señorío de Cameros, cerrando un largo capítulo de disputas territoriales.
Entre sus tesoros arquitectónicos, destaca la Fuente de los Tres Caños, situada sobre el barranco del Hayedo y en el antiguo camino hacia la desaparecida aldea de Treguajantes. Junto a un puente del siglo XVI, esta fuente medieval conserva el recuerdo de su pasado. Originalmente, su arca se enmarcaba con un arco de medio punto y albergaba una bóveda de cañón apuntado construida en sillarejo, aunque hoy el arca ha sido rellenada con piedras, dejando incierto si la bóveda permanece oculta o se perdió con el tiempo. Durante el siglo XVIII, se le añadió una fachada más monumental, con arco frontal entre pilastras, reforzando su presencia en el paisaje y convirtiéndola en un símbolo de la memoria histórica de la villa.
Como muchas fuentes medievales riojanas, su ubicación junto a caminos y a la salida de la población refleja la tradición romana de captar y conducir las aguas. Su estructura rectangular y su bóveda recuerdan a otras fuentes emblemáticas de la región, como las de Cellorigo o los Mártires de Ocón, sugiriendo que su origen se remonta al siglo XIV, época en la que el agua era tanto un bien vital como un elemento de encuentro social.
Soto en Cameros no es solo un lugar geográfico; es un testimonio del tiempo, donde la historia, la arquitectura y la naturaleza se entrelazan. Sus colinas, su río y sus construcciones antiguas hablan de reyes y señores, de monjes y aldeas desaparecidas, y de la constante interacción entre el hombre y el paisaje, en un relato que perdura entre piedras, arcos y caños que siguen cantando su historia.
Desde Soto en Cameros (T2)
Lo mejor es aparcar en el parking habilitado en la parte alta del pueblo cerca del cementerio y La Nevera, pozo de nieve del s.XIX cubierto por una cúpula sobresaliente al exterior. Bajar entonces a buscar el gran puente medieval (s.XVI) y ir buscando las calles que suben hacia la iglesia. Salimos entonces (SE) por el barranco del Hayedo y alcanzamos la Fuente de los Caños para girar de nuevo hacia el pueblo (se puede acortar esta vuelta). Entonces se sale por un camino que conecta con la pista que nos coloca en las ruinas de la ermita de San Babiles (831 m).
Vamos ahora por el camino de los Aidos, dando vista sobre el barranco y alcanzando un collado donde se encuentran los restos del corral de Gazme (981 m), siguiendo entonces, a media ladera, hasta el collado (1148 m) por donde sigue el camino que conduce a Treguajantes, con el cerro de los Arachos (1211 m) a la izquierda y el discreto El Toconal (1163 m) a la derecha, en cuya amplia cima hay restos de corrales en ruinas.
Si se quiere continuar por la sierra, podemos ir hasta la ermita del Alto dela Virgen (1118 m), o bien subir por Los Arachos a la Peña Horcajada (1331 m), e incluso recorre toda la parte superior hasta la Cucurucha (1147 m) para completar un círculo entorno a Soto.
Accesos: Soto En Cameros (1h 15 min).
